Mayordomía
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Espacio presentado por Sully de Barra.

 

Todos los seres humanos tenemos 5 puertas abiertas para poder comunicarnos con el mundo exterior, que son nuestros cinco sentidos y uno de ellos que es muy importante y por medio del cual podemos recibir bendición o maldición, es a través de nuestro OÍDO.

Según investigaciones en adultos y jóvenes han determinado que el escuchar activamente escasea en nuestros tiempos, escuchar activamente no es solamente estar al lado de una persona y oírle porque no tenemos otra opción, escuchar activamente es prestar atención, interesarnos, implicarnos y brindar opiniones con cuidado y sabiduría, por esa razón nuestro oído es muy importante cuidarlo para escuchar también lo que Dios quiere decirnos, y si queremos tener más de Dios en nosotros mucho de El puede entrar a través de nuestros oídos.

Hay una escritura en el libro de Proverbios 4:20 que dice "Hijo mío, está atento a mis palabras;inclina tu oído a mis razones." y me llama mucho la atención el ver que dice INCLINA TU OÍDO, generalmente cuando nos dirigimos a Dios en una oración expresamos frases como “inclina Señor tu oído a nuestra oración” o “inclina tu oído a mi clamor”, queriendo mostrar así la grandeza de Dios en los cielos y nuestra pequeñez, pero en esta escritura es Dios quien dice “inclina tu oído a mis razones”

¿Cómo podríamos inclinar algo al Señor si Él es más grande que nosotros? Si debemos inclinar nuestro oído a sus razones es porque muchas veces nuestro oído está en alto  y esta palabra nos hace ver que para escuchar a Dios hay que humillarse y dejar nuestros propios razonamientos para que sea Él quien nos hable.

De forma natural el oído tiene básicamente  4 funciones importantes:La primera es que el oído permite que conozcamos las cosas antes de verlas, si escuchamos el motor de un coche sabemos que viene un vehículo antes de verlo, por esa razón la palabra de Dios dice que la Fe viene por el oír, ya que aunque no podemos ver las cosas con nuestros ojos, si escuchamos la palabra de verdad actuaremos creyendo por lo que escuchamos aún sin ver.La segunda función importante de nuestro oído es que nos permite hablar, si no escuchamos es difícil que podamos hablar, generalmente, aunque hay muchas excepciones, una persona sorda también es muda, ya que no puede emitir o repetir sonidos  o palabras si no puede escucharlas.

En lo espiritual hablamos lo que escuchamos, podemos declarar palabras de fe por nuestros labios si antes hemos escuchado esa verdad. La tercera función de nuestro oído es conocer la distancia lejana o cercana de lo que sucede a nuestro alrededor, y nos previene de peligros que pueden acercarse hacia nosotros, por esa razón el oído nos da dirección, debemos escuchar antes de tomar decisiones y solamente a través de esa forma caminar y movernos. Y la cuarta función que tiene el oído en lo natural es mantener el equilibrio de nuestro cuerpo, una persona que tiene problemas de oído puede desestabilizarse, marearse y caer.

En lo espiritual lo que escuchamos nos ayuda mantener una estabilidad y  no desequilibrarnos interiormente a través de lo que escuchamos del mundo exterior, como palabras que no son la voluntad de Dios, opiniones de otros, música, etc. Así que recordando esas funciones tan importantes del oído hoy veremos nuevamente algunas cosas que nos dice la palabra de Dios para tener más de Él a través de nuestro oír:

1. TENER UN OÍDO PRONTO: El libro de Hebreos 5:11 dice "Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír." Podemos tener un oído TARDO o un oído PRONTO, el ser tardos para oír es un poco la típica frase que tal vez nos decían alguna vez nuestros padres "por un oído entra y por otro sale", el oído perezoso es el que no pone por obra lo que escucha, escuchamos lo que Dios quiere que hagamos, conocemos Su voluntad a través de leer su palabra, a través de escuchar predicaciones y estudios, sin embargo cuando tenemos un oído tardo caminamos detrás de lo que no es conveniente.  

Hay una frase que dice "en la tardanza está el peligro", cuando tardamos es porque pensamos que todavía tenemos tiempo, si escuchamos lo que es la voluntad de Dios y tardamos en hacerla es porque pensamos que nos sobra vida, que nos sobran años, pero nadie sabe el día y la hora. La escritura dice en Santiago 1:19 " Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar".

Ser pronto para oír es estar dispuestos a escuchar y actuar, poniendo por obra lo que aprendemos, hacer vida la palabra de Dios en nosotros, si anhelamos tener más de Jesús en nosotros debemos pedirle que nos ayude a tener un oído pronto y nunca ser tardos para oír.

2. ESCUCHAR LAS AMONESTACIONES: En el libro de Proverbios 15:31 dice "El oído que escucha las amonestaciones de la vida, entre sabios morará". Una amonestación significa según el diccionario "una llamada de atención severa a un error o una falta".

Dios se encarga de darnos amonestaciones  a través de nuestra propia vida, nos da lecciones de las cosas que hemos hecho mal y no han estado bien, nos llama la atención por nuestros errores pasados y vemos cómo las decisiones equivocadas nos han llevado por caminos de dolor y sufrimiento, adversos y difíciles, cuando si hubiéramos escuchado la voz de Dios nuestra vida hubiera sido diferente. 

Esta escritura dice que nuestro oído debe escuchar las amonestaciones de la vida, para ser sabios, esto es aprender de los errores pasados para ir teniendo sabiduría al actuar, para ser más inteligentes y no tropezar dos o más veces con la misma piedra.

Tristemente muchas veces Dios nos da amonestaciones de nuestras malas decisiones y no escuchamos, sino que endurecemos nuestro corazón, cerramos nuestros oídos y volvemos a cometer los mismos errores o aún más grandes. 

Para tener más del Señor en nosotros necesitamos oír lo que Dios quiere decirnos a través de las cosas que nos pasan, meditar en lo que hemos hecho, sea bueno o sea malo y escuchar esas lecciones que Dios nos da para no equivocarnos otra vez, Dios nos habla cada día, quizás no con voz audible, pero a través de personas, situaciones, mensajes, la lectura de su palabra y de nuestras propias experiencias para que aprendamos y seamos un poquito más sabios y tengamos más de El Señor cada día.

Si en nuestro corazón está el anhelo de tener más del Señor, debemos inclinar nuestro oído a Él y escuchar cada cosa que Dios quiere hablarnos y poner un filtro para que a través de lo que oímos no seamos contaminados.

 

 

 

 

 

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