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Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.

Porque: El que quiere amar la vida Y ver días buenos, Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño; Apártese del mal, y haga el bien. Busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, Y sus oídos atentos a sus oraciones; Pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal. ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal. Palabra de Dios en 1 de Pedro Capítulo 3 versículos 8 a 17.

El tema de Cataluña ha ido emponzoñando durante los últimos veinte años de manera exponencial la convivencia de los españoles hasta unos niveles preocupantes. Las cosas se han puesto de tal manera, que sobran razones para afirmar que, en este momento y concretamente en España, lo más urgente es evangelizar a este país entero.

Me explico. Evangelizar no es simplemente predicar la fe, como dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Ni se reduce a un asunto de pastores o de curas, que es lo que normalmente piensa la mayoría de la gente. Evangelizar es propagar la forma de vivir que nos enseña el Evangelio. Y digo que es urgente evangelizar España porque eso es lo más apremiante que necesitamos los habitantes de este país, sean cuales sea las ideas políticas, históricas, económicas, religiosas o sociales, que tenga cada cual. Estamos perdiendo los valores primordiales que este país tenía por bandera y no me refiero a temas políticos ni morales.

Cuando Jesús de Nazaret predicó su Evangelio, no predicó ni enseñó una nueva religión. ¿Cómo iba a predicar una religión un individuo que fue perseguido, odiado, sometido a juicio y condenado a la peor de las muertes, precisamente por los dirigentes oficiales de la religión? ¿Qué religión enseñaba Jesús de Nazaret que no pudieron soportarlo, ni a él ni a sus enseñanzas, precisamente los dirigentes oficiales, los sacerdotes y doctores de la Ley, que eran los máximos responsables de la religión a la que, según se dice, perteneció Jesús y predicó Jesús?

La noche en que Jesús se despidió de sus discípulos y compañeros más cercanos, quiso hacerlo cenando con ellos en la intimidad, cuando vio que su muerte violenta era cuestión de horas. Pues bien, en aquella cena de despedida, Jesús les impuso a sus discípulos y, por lo tanto, a la Iglesia entera un mandato preciso: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” y esto lo leemos en el libro de Juan capítulo 13, versículos 34 y 35.

Es importante caer en la cuenta de que el evangelio de Juan relata este mandato justamente en el mismo sitio y en el mismo momento en que los otros evangelios informan de la institución de la eucaristía. O sea, entre el anuncio de la traición de Judas y la predicción de la negación de Pedro  Es decir, para el último de los evangelios, el que se escribió con más años de reflexión y experiencia a finales del siglo primero, el mandato de lo que los romanos llaman eucaristía “haced esto en recuerdo mío”, para que me tengáis presente y os acordéis de mí, ese recuerdo y esa presencia se nota y se palpa en el cariño mutuo que se tienen los que creen en Jesús, aquellos para los que el Evangelio está presente en sus vidas.

Dando por entendido esto, ¿por qué les dijo Jesús que este mandamiento era un mandamiento nuevo? ¿Dónde estaba la novedad de este distintivo de los cristianos? Jesús siempre había enseñado que el primero y principal mandamiento es el amor a Dios y al prójimo, inseparablemente unidos ambos amores. Aquí el evangelio de Juan rompe con la tradición religiosa de Israel y  pone el distintivo, que califica a los cristianos, en el solo amor a los seres humanos. De forma que es en esto en lo que se distinguirá y se conocerá quién es cristiano y quién no lo es.

Evangelizar es asumir, no el laicismo  que no deja de ser la negación y el  rechazo de Dios, sino la laicidad más radical. Traducir en realidad que a Dios lo encontramos en todo lo verdaderamente humano. Y solamente en lo auténticamente humano.

Y es por lo que vuelvo a insistir en la idea central de este editorial: urge evangelizar España. Esto me parece tan urgente porque, a la mitad de mi vida y habiendo nacido en la España pre democrática, puedo asegurar que nunca vi a Evangelizar tan rota, tan dividida, tan enfrentada, como ahora la ve todo el que tenga los ojos abiertos a la realidad en que vivimos. La convivencia se ha hecho penosa y difícil, con frecuencia insoportable. Es verdad que ahora no se queman conventos, templos y centros culturales como se hizo en muchas ciudades y pueblos de esta España, en los años 30 al 36. Pero también es cierto que ahora la sociedad española está más fragmentada y, en cuestiones muy fundamentales, más enfrentada que en los años que precedieron a la Guerra Civil.

España se ha convertido en un país de fanáticos. Amos Oz, uno de los más famosos escritores israelitas, ha dicho con toda la razón que “la esencia del fanatismo reside en el hecho de obligar a los demás a cambiar”. Pase lo que pase estos próximos días en el Parlamente de Catalunya ¿será posible convivir en Cataluña? ¿Cómo se ha permitido que las cosas se pongan de manera que ya nos resulta extremadamente difícil, por no decir imposible, convivir juntos todos los ciudadanos de este país? Y conste que la culpa, de haber llegado a esta situación, la tenemos todos. Los políticos por su cerrazón y los ciudadanos por permitírselo…pero también los hombres de Fe que hemos ido dejando de sembrar la Palabra para recoger las migajas de esos políticos. Que hemos callado ante la injusticia que supone el querer despedazar un país para dividirlo entre regiones ricas y regiones pobres. Que nos hemos acercado a los poderosos cerrando los ojos ante el avance del laicismo que ellos promueven por intereses bastardos.

Tenemos que evangelizar España porque es un mandato divino y se ha convertido en una necesidad vital para la propia sociedad. Es necesario que volvamos al amor y a la fraternidad que solo desde Cristo puede obrar ese milagro de que los españoles, incluidos los ciudadanos de Catalunya, vivamos en Paz y progreso.