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Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.

Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Palabra de Dios en Mateo capítulo 5 versículos 38 a 48.

Basta asomarse a las redes sociales, a la prensa, radio y televisión de nuestra querida España, y quedamos impresionados por el odio que se palpa en los más diversos ambientes de la sociedad española. Me imagino que en otros países ocurre seguramente lo mismo. El odio, la maledicencia, la murmuración y el juicio  parecen haberse instalado en nuestras vidas.

En todo caso, es un hecho que, sobre todo cuando hablamos desde el anonimato y la impunidad de un seudónimo, cosa que pueden hacer tranquilamente quienes ponen comentarios o dan opiniones en los muchos caminos y vericuetos que tenemos en Internet, se sienten enteramente libres para decir lo que sienten y expresarlo como lo sienten. Y esto, ni más ni menos, es lo que propicia y fomenta que cada cual pueda soltar lo que llevamos dentro. Lo que, en otras condiciones y de cara a cara, nunca nos atreveríamos a decir.

Pues bien, así las cosas, no hablo ya de impresión. Hablo de miedo. Porque el odio envenena de muerte todo lo que toca. Y en España, ahora mismo y de una esquina a la otra, hay mucho veneno de odio. Y no olvidemos que el odio lleva directamente a la muerte. Desde Caín, según el relato que recoge el Génesis, hasta la terrible ingenuidad que puso el Dante en la puerta de su infierno: “también a mí me creó el amor eterno”, cuando en realidad tendría que haber puesto: “también a mí me creó el odio eterno”. Y es que el odio es tan horrorosamente perverso, que, “ver-sufrir produce bienestar; hacer-sufrir, más bienestar todavía” recordando el libro de Nietsche. La Historia se ha encargado de demostrar la verdad patética que esto entraña. La crueldad de las guerras, y quienes las promueven, que venimos soportando, en los siglos XX y XXI, nos muestran que efectivamente ver sufrir y hacer sufrir son fuentes inagotables de bienestar, para las los causantes de tanto desastre. Es el odio campante, que nos desagrada tanto, cuando cada día lo vemos televisado en directo en los telediarios, pero a sabiendas de que se trata del odio ante el que nos quejamos de lo incómodo que es verlo, pero contra el que no movemos un dedo. ¿Qué puedo hacer yo contra esto?

Podemos,  y tenemos, mucho que hacer. Ante todo, no esperemos que los políticos y los poderosos nos saquen las castañas del fuego. Tenemos que ser nosotros, entre todos, quienes le demos otro giro y otra orientación a nuestras vidas y a nuestra sociedad. Por supuesto, al hablar de este asunto, no puedo dejar de recordar los versículos con los que empezaba el editorial de hoy que son centrales y determinantes del Evangelio  y algunos de la primera carta de Juan. Sólo la bondad, el respeto, la tolerancia y el amor pueden sacarnos de este entramado del odio en que, una vez más, nos hemos metido. Y si es cierto que todos nos hemos pringado en esta trama del odio y los resentimientos que parece que no podemos sacar de nuestra intimidad, igualmente es verdad que sólo con rituales y ceremonias, como sería pretender arreglar esto con banderas y actos patrioteros,  nuestro país y nuestro mundo no se arregla y se hace más justo, si nosotros los ciudadanos, cada cual desde nuestra propia vida, nuestra casa y nuestra familia, no tomamos en serio la bondad, el respeto y la tolerancia de todos con todos.

Un día le dijeron a Jesús que Pilatos había mandado degollar a unos galileos precisamente cuando estaban ofreciendo un sacrificio religioso en el Templo. La respuesta de Jesús fue sorprendente. Recordamos: Jesús le dijo a la gente que tenía delante: En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

La respuesta de Jesús nos viene como anillo al dedo, en España y en este momento, a todos. Si no nos reinventamos hacia el respeto, la tolerancia y la bondad, no es fácil imaginar la salida de este enfrentamiento y del odio que a casi todos nos envenena.