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En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.  Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 

Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis unos a otros. Palabra de Dios en Juan  capítulo 15, versículos 8 al 17.

La amistad es una experiencia humana hermosa, enriquecedora y digna de los mayores elogios. Si Cristo fue verdadero hombre, ¿acaso se quiso privar en su vida de esta noble experiencia? Como hemos visto en los versículos de Juan con los que abría este editorial, Jesús llama a sus discípulos amigos. ¿Alguien puede decir que no tiene amigos? Si es así yo diría que es un triste.

La amistad es un valor entre los humanos y uno de los dones más altos de Dios. El mismo Dios se presenta como amigo de los hombres: un pacto de amistad sella con Abraham, con Moisés, con los profetas. Al enviar a Cristo se mostró como amigo de los hombres.  Por los Evangelios sabemos que Jesús dio a esta amistad de Dios un rostro de carne viniendo a ser amigo de los hombres. Pero tuvo, evidentemente, amigos especiales e hizo la experiencia gratificante de la amistad, por ser verdadero hombre.

El mundo en que vivimos está necesitado de amistad. Hemos avanzado tanto en muchas cosas, vivimos muy deprisa y tan ocupados, que, al fin, nos olvidamos de lo más importante. El ruido y la velocidad se están comiendo el diálogo entre los humanos y cada vez tenemos más conocidos y menos amigos. Las redes sociales han ayudado a que el sentido de amistad quede diluido en lo virtual, en lo falso.

El filósofo griego Sócrates aseguraba que prefería un amigo a todos los tesoros del rey Darío. Para el poeta latino Horacio, un amigo era la mitad de su alma. San Agustín no vacilaba en afirmar que lo único que nos puede consolar en esta sociedad humana tan llena de trabajos y errores es la fe no fingida y el amor que se profesan unos a otros los verdaderos amigos. Ortega y Gasset escribía que una amistad delicadamente cincelada, cuidada como se cuida una obra de arte, es la cima del universo. Y el propio Cristo, ¿no usó, como supremo piropo y expresión de su cariño a sus discípulos, el que eran sus amigos porque todo lo que ha oído a su Padre se lo dio a conocer?

Pero la amistad, al mismo tiempo que importante y maravillosa, es algo difícil, raro y delicado. Difícil, porque no es una moneda que se encuentra por la calle y hay que buscarla tan apasionadamente como un tesoro. Rara porque no abunda: se pueden tener muchos compañeros, abundantes camaradas, pero nunca pueden ser muchos los amigos. Y delicada porque precisa de determinados ambientes para nacer, especiales cuidados para ser cultivada, minuciosas atenciones para que crezca y nunca se degrade.

La amistad para algunos simple simpatía, compañerismo o  camaradería. Para mí, sin dudarlo un momento, la amistad es una de las más altas facetas del amor. Aristóteles definía la amistad como querer y procurar el bien del amigo por el amigo mismo. Laín Entralgo también habla en uno de sus textos de la amistad y dice que la amistad es: "La comunicación llena de amor entre dos personas, en la cual, para el bien mutuo de éstas, se realiza y perfecciona la naturaleza humana".

Por tanto, en la amistad el uno y el otro dan lo que tienen, lo que hacen y, sobre todo, lo que son. Esto supone la renuncia a dos egoísmos y la suma de dos generosidades. Supone, además, un doble respeto a la libertad del otro. La amistad verdadera consiste en dejar que el amigo sea lo que él es y quiere ser, ayudándole delicadamente a que sea lo que debe ser.

Desde hoy ustedes echarán en falta a un AMIGO en las mañanas de Radio Solidaria. Carlos Reich ha iniciado una nueva etapa en su vida que, de seguro, va a estar llena de bendiciones porqué es un buen discípulo de Cristo, un gran Pastor, un buen hombre y un excelente amigo. Han sido más de ocho años en  los que hemos compartido momentos extraordinarios y otros no tanto pero el siempre ha demostrado los dones y virtudes que Dios ha puesto en su vida y en su corazón. Humildad, a pesar de ser argentino, mansedumbre, bondad, generosidad, templanza, sabiduría…

Se ha ido una de las principales voces de esta casa y nos deja un vació importante en las ondas pero nuestros corazones llenos de amor hacia el y hacia su esposa Ruth. Oremos por ellos para que nuestro maravilloso Dios de Amor los cubra y los proteja allí dónde los lleve.