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Año 2045. Wade Watts es un adolescente al que le gusta evadirse del cada vez más sombrío mundo real a través de una popular utopía virtual a escala global llamada "Oasis".

Un día, su excéntrico y multimillonario creador muere, pero antes ofrece su fortuna y el destino de su empresa al ganador de una elaborada búsqueda del tesoro a través de los rincones más inhóspitos de su creación. Será el punto de partida para que Wade se enfrente a jugadores, poderosos enemigos corporativos y otros competidores despiadados, dispuestos a hacer lo que sea, tanto dentro de "Oasis" como del mundo real, para hacerse con el premio.

Spielberg se marca una vuelta a la ciencia ficción por todo lo alto. Es una película espectacular.

Fantasía y ciencia ficción futurista y ochentera a partes iguales. Un futuro donde la gente vive gran parte inmerso en Oasis, un universo de realidad virtual, da mucho juego.

Me lei el libro hace unos meses y me enganchó como hace mucho que no me pasaba. Estaba deseando ver la película con miedo a que me decepcionara, pero no lo ha hecho. Hay ciertas diferencias con el libro. Faltan algunas cosas y se han añadido otras, pero en general se mantiene fiel. Quien no lo haya leido puede hacerlo después de ver la película, descubriendo las interesantes diferencias.

Los amantes de la ciencia ficción y especialmente nostálgicos de los 80 la disfrutarán más. Los millennials tendrán que tirar de youtube para comprobar muchas de las referencias que aparecen, pero también se divertirán. Y los auténticos frikis que ya superen los 40, si frecuentaban los recreativos de pequeños, y se asombravan con Tron y Regreso al Futuro, van a flipar.

Hay algunos diálogos quizá con un exceso de referencias a los primeros videojuegos, pero hay que tomárselo como lo que es, una charla de superfrikis.

Quizá le falte un poco de profundidad en la exposición de Oasis, en su importancia en esa sociedad futura. Y un poco más de conexión con los personajes. Quizá deja eso un poco al margen para centrarse más en la espectacularidad. Y vaya si lo consigue, sin llegar a dejar de lado la trama. Y también tiene buenos golpes de humor.

Quizá no se pueda comparar con lo que fueron Tron o Matrix en su día, pero desde luego son más de 2 horas de disfrute de una buena película fantástica.

Es una película que cualquiera que se considere mínimamante fan de la ciencia ficción debe ver.

Pablo , el apostol de Cristo

Esta es la historia de dos hombres. Lucas, quien, como amigo y médico, arriesga su vida al entrar a Roma para visitar a Pablo, que está preso en la celda más oscura y sombría de la prisión del Emperador Nerón, decidido a terminar con los cristianos. Antes de que se promulgue la sentencia de muerte de Pablo, Lucas decide escribir otro libro, uno que detalla los comienzos de "El Camino" y el nacimiento de lo que se conocerá después como la iglesia. Atado en cadenas, la lucha de Pablo es interna. Ha sobrevivido lo inimaginable: flagelaciones, naufragios, hambre, lapidación, sed y frío, pero mientras espera su cita con la muerte, es perseguido por las sombras de sus acciones del pasado. Solo en la oscuridad, se pregunta si es el fin de su labor... y si tiene la fuerza para terminar la carrera. Dos hombres luchan contra un Emperador obsesionado y la debilidad del espíritu humano para vivir el Evangelio de Jesucristo y difundir su mensaje al mundo.

Pablo de Tarso, anciano y encarcelado, narra su historia al evangelista Lucas en un entorno de persecución a los primeros cristianos. Pablo, apóstol de Cristo sabe aunar el cine religioso con una buena trama. Una película perfecta para la Semana Santa.

Llega una Semana Santa como las de antes, con películas religiosas en la cartelera. Bueno, al menos una, ya que la de María Magdalena es muy discutible. Pablo, apóstol de Cristo es una producción de Affirm Films, la división cristiana de la multinacional Sony, la antigua Columbia. El director de la película es Andrew Hyatt, que ya nos dio a conocer otra cinta religiosa interesante, Llena de gracia, en 2015. El título -bastante desacertado- puede dar la impresión de que estamos ante un biopic de san Pablo de tipo convencional o ante una típica película comercial de cine bíblico de cartón piedra. Sin embargo, el film es más bien una narración del proceso de gestación del texto neotestamentario de los Hechos de los Apóstoles.

Un sexagenario Pablo de Tarso (James Faulkner y Yorgos Karamihos en sus escenas de joven) está preso en la cárcel Mamertina por orden del emperador Nerón, acusado de liderar el incendio de Roma maliciosamente atribuido a los cristianos. San Lucas (Jim Caveziel), decidido a relatar la vida del apóstol, viaja a Roma con la intención de visitarlo en la cárcel y de esta forma escribir juntos el documento. Estas visitas nocturnas son clandestinas y de alto riesgo, dada la delirante persecución de Nerón a los seguidores de Cristo. La comunidad cristiana de Roma, liderada por Aquila (John Lynch) y Priscilla (Joanne Whalley), acoge a san Lucas en unos momentos de angustia y martirios colectivos sin tregua. La historia se complica cuando el comandante de la Legión Mauricius (Olivier Martinez), responsable de la cárcel, descubre esas citas nocturnas cuya finalidad no acaba de entender.

La película de Andrew Hyatt tiene el acierto de combinar la riqueza de su contenido teológico y de fe con una trama de suspense e intriga muy bien llevada. De hecho, se entrelazan por lo menos tres niveles argumentales diferentes. Por un lado, las conversaciones entre Pablo y Lucas, que nos brindan algunos de los versículos más bellos de los Hechos de los Apóstoles y de las cartas paulinas. En un segundo nivel, se relatan las divisiones en el seno de la primitiva Iglesia romana con motivo de qué respuesta dar a la represión del emperador. Esta trama nos recuerda a la película La Misión, de Roland Joffé, con la disyuntiva entre responder con violencia o sufrir martirio en el amor. Por último, el guionista nos introduce en el drama personal y familiar de Mauricius y su mujer, Irénica, marcados por la enfermedad de su hija Caelia. El resultado de este entramado es un testimonio fílmico de alguna de las verdades más significativas del cristianismo y de la fe. Lo más interesante es que los acentos están puestos en aquellas cosas más relevantes para la situación del hombre del siglo XXI, y con la mirada puesta en los cristianos perseguidos hoy en tantos lugares del mundo.

Sin duda, estamos ante un singular ejemplo de cine bíblico y péplum, muy moderno en su puesta en escena, en su tratamiento fotográfico y en su montaje. San Pablo está excelentemente interpretado por un Faulkner que sabe imprimir fuerza y coraje a su anciano personaje, así como caridad y contención. Jim Caviezel no puede evitar recordar a su interpretación de Cristo en la cinta de Mel Gibson. Y Olivier Martinez está sencillamente soberbio.

 

Musical, El Guardaespaldas

:   "Hay canciones que saben demasiado de nosotros", le dice Frank Farmer a Rachel Marron al final de 'El Guardaespaldas, el musical'. Entonces suena 'I will always love you' y los noventa caen a plomo sobre nosotros. Sus hombreras, sus 'bombers', 'El príncipe de Bel Air', '¿Qué apostamos?', Curro y Cobi, 'El silencio de los corderos', 'Parque Jurásico', la Game Boy, los tazos, el 'grunge' (y Kurt Cobain), los veranos con los tours de Induráin, 'Friends', MC Hammer (y su 'pinchaste'), El Club de los Poetas Violentos, La Macarena, Alejandro Sanz, Bon Jovi, Metallica, Ace of Base y Whitney Houston, 'The queen of the night'.

Con ese enérgico temazo comienza la versión musical de la película que encumbró a la estrella del pop y que se estrenó el jueves en el Teatro Coliseum de Madrid. 'El guardaespaldas, el musical' es un gran concierto pop en el que no echará de menos a Houston. Si quiere ver la película, la verá sobre el escenario. Están las grandes canciones de la diva impecablemente interpretadas por la espectacular voz de Fela Domínguez y la misma trama (quizás un poco más dulcificada en las escenas más cruentas, aunque se echan de menos dos tan clásicas como las de la katana y el lago).

Acompañan a la historia-espectáculo un gran despliegue técnico digno de un show-revienta-estadios con despliegue de luces, bailarines y completas coreografías, una acertada escenografía que recrea con tino la mansión de Marron, el club Maya o la gala de los Oscar a través de las proyecciones en cinco pantallas móviles de leds e incluso guiños a nuestro siglo XXI. Porque los anónimos de los acosadores ya no se hacen pegando artesanalmente letras de revistas sino que tenemos selfis y fotos en Instagram, hackeos y rastreos de direcciones IP y no son Edison ni Graham Bell los nombres que toma el guardaespaldas para demostrar los agujeros de seguridad de la mansión de la estrella sino el de Barack Obama.

Aun así fallan algunas cosas. Dramáticamente a los tres protagonistas se les ven las costuras. Faltan tablas y rodaje, pero esto es, en realidad, un concierto. Y, por favor, acabemos de una vez con el estereotipo del agente/manager excesivamente amanerado (¿2017 hola?). No obstante, por encima sobrevuelan dos grandes aciertos de la productora Stage Entertainment ('El rey león'): por fin las canciones de un musical son en versión original y elegir a la mexicana Domínguez para un trabajo tan difícil como poner su voz a 11 clásicos de Whitney Houston y conseguir dar la talla. Y lo hace sobrada. Junto a ella, Maxi Iglesias e Iván Sánchez dan vida (alternándose cada semana aunque en el estreno se repartieron cada acto de la función) al guardaespaldas interpretado en el filme por Kevin Costner, y Damaris Martínez despliega otra potente voz como Nicki Marron.

La versión musical de la edulcorada historia de amor de la estrella del pop Rachel Marron y su guardaespaldas Frank Farmer, clásica gracias a la película dirigida por Mick Jackson, llega a España además para celebrar el 25 aniversario del filme. Se estrenó el 25 de noviembre de 1992 en Estados Unidos. A España llegó el 18 de diciembre de ese mismo año olímpico. Recaudó 410 millones de dólares en todo el mundo y su banda sonora fue la más vendida de todos los tiempos con 48 millones de copias —con dos canciones nominadas a los Oscar ('Run to you' y 'I Have Nothing'), que se llevó Aladdín y 'A Whole New World'—, pero sobre todo supuso el debut como actriz de Whitney Houston y encumbró mucho más a la diva pop.