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El orden del culto a la sinagoga

Recitación al unísono de la shema', una confesión de fe tomada principalmente de pasajes tales como los de Deuteronomio 6:4-9; 11:13-21, Números 15:37-41, antes y después de la cual un miembro de la congregación se situaba frente al arca de la ley para ofrecer en nombre de todos una oración séptuple, cada una de cuyas partes era confirmada con el "Amén" de la congregación.

Entre la sexta y la séptima parte de esta oración, si había sacerdotes presentes subían a la plataforma del arca y levantando las manos pronunciaban al unísono la bendición aarónica de Levítico 9:22 y Números 6:23-27.

La parashah, o lectura de la sección correspondiente de la ley (cf. Hechos 13:15). La reverencia debida a la ley exigía que el rollo se desenvolviera detrás de una cortina sin que lo viera la congregación. La ley, o sea los cinco libros de Moisés, se leía enteramente en un ciclo de tres años, y una parte estaba designada para cada sábado. Cada una de esas partes estaba dividida en siete secciones que tenían a lo menos tres versículos. Se designaba a un miembro diferente de la congregación para que leyera cada una de esas subdivisiones. Cualquiera que cometiera el menor error era inmediatamente reemplazado por otro. La lectura de la ley era traducida versículo por versículo del hebreo al idioma del pueblo común, el arameo en Palestina, y por otra persona, para evitar la posibilidad de que hubiera un error en la traducción exacta del texto de las Escrituras.

La haftarah, o lectura de los profetas. El rollo de los profetas, que era considerado menos sagrado que la ley, tenía un solo rodillo y no dos como la ley, y podía ser desenrollado delante de la congregación. No hay ninguna prueba de que hubiera un ciclo u orden para la lectura de los profetas en el tiempo de Cristo. Por lo tanto, quizá el rollo era entregado a la persona designada por el dirigente de la sinagoga para que leyera, y el lector elegía el pasaje. Fue en esta parte del servicio en la que participó Jesús en la sinagoga de Nazaret, cuando después de leer en Isaías 61 presentó ante la gente su misión y autorización profética. En Lucas  4:16-21 se puede leer:  "Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:  El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos,  Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros".

El que leía de los profetas era llamado el "despedidor", pues su lectura más sus observaciones y exhortaciones basadas en el pasaje leído constituían la parte final del servicio. Aunque aqui echaron a Jesús "y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle. Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue".

La derashah, o "investigación", "estudio", era un sermón generalmente presentado por un miembro de la congregación. El lector de la haftarah, como los que leían de la ley, quedaba en pie mientras leía. Pero el que predicaba el sermón se sentaba en un asiento especial cerca del atril o pupitre de lectura conocido como cátedra de Moisés. la biblia dice: "Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen".

Sus observaciones generalmente se basaban en la lectura de los profetas; pero podían incluir también la de la ley. En esas interpretaciones de los mensajes proféticos, la imaginación del orador con frecuencia divagaba mucho, usando paráfrasis, parábolas o leyendas para destacar cómo entendía el mensaje profético. A los visitantes, con frecuencia se los honraba invitándolos a presentar el discurso. Pablo aprovechó más de una vez esa oportunidad..

Hechos 13:14-15  "Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo[a] y se sentaron. Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los principales de la sinagoga mandaron a decirles: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad".

Hechos  14:1 Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos.

El sermón era seguido por la bendición. Esta era ofrecida por un sacerdote si estaba presente; de lo contrario, se ofrecía una oración. En algunos lugares se cantaban salmos en el servicio.

Los dos tipos de sinagogas

En Palestina no sólo había sinagogas para los judíos autóctonos sino también para los judíos que habían nacido en el extranjero, pero habían regresado a la tierra de sus antepasados. Por eso en Jerusalén había, en días de los apóstoles, una sinagoga de "los libertos" (Hechos 6:9), que quizá eran judíos o descendientes suyos, que una vez habían sido cautivos o esclavos de los romanos, pero más tarde fueron libertados. Esteban disputó con los miembros de esa sinagoga.

También había sinagogas judías en Alejandría, en Antioquía de Siria, en Roma y, sin duda, virtualmente en todas las otras ciudades del imperio, pues Pablo las encontraba no sólo en lugares principales como Corinto, Efeso y Tesalónica, sino también en Salamina de Chipre, Antioquía de Pisidia, Iconio, Berea de Grecia, e indudablemente en muchos otros lugares que no son mencionados.

Fácilmente se puede entender cuánto influían sobre los judíos los servicios de la sinagoga, con su énfasis sobre la ley, el deber y las esperanzas y aspiraciones espirituales. El énfasis puesto en la Torah -la voluntad revelada de Dios- daba a los judíos un carácter ético que los destacaba entre los pueblos del Imperio Romano

La multiplicación de sinagogas

Las sinagogas se multiplicaron después de la destrucción del primer y el segundo Templo: según una tradición rabínica consignada en la Mishná, la cual fue compilada hacia el 200 d.C., más de un siglo después de la destrucción del segundo Templo, una gran ciudad tiene que contar obligatoriamente con diez batlanim, de lo contrario es un pueblo. Un batlan se define como un individuo que ha renunciado a su trabajo para ir a rezar.

La Mishná dice que existe una sinagoga en cualquier sitio donde un minyán de diez hombres es capaz, no importa en qué momento, de reunirse para rezar. Los Hechos de los Apóstoles indican también que las sinagogas que encontraban en cada ciudad existían desde hace numerosos años, y citan muchas, entre ellas las de Cirene y las de Alejandría.

El Talmud menciona numerosas sinagogas en Mesopotamia, entre ellas la de Nehardea, y más de 400 sinagogas en Jerusalén antes de la destrucción del segundo Templo, mientras que los Evangelios evocan las de Nazaret17 y Cafarnaúm.18 Pablo predica en las sinagogas de Damasco,19 de Salamina,20 de Antioquía,21 etc.

La destrucción del segundo Templo aumentó la importancia de la sinagoga: allí se preservaron los ritos judíos, con la excepción de los sacrificios, y se reunió desde entonces el minyán, compuesto de diez varones. Subsecuentemente las sinagogas se multiplicaron durante el casi dos veces milenario exilio de la enorme mayoría del pueblo judío y, desde 1948, tanto en Israel como en aproximadamente otros ochenta países.