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Hace poco estuve viendo en Madrid un gran espectáculo musical basado en una película inglesa de hace casi dos décadas. Que el libro siempre es mejor que la película es una frase que los amantes de la lectura defienden a capa y espada.

Las versiones cinematográficas no siempre plasman todos los detalles de la historia original y se quedan cortas. Pero ¿qué pasa cuándo es al revés? Aunque los ejemplos son mucho menos numerosos, también hay películas que después de su gran éxito se han adaptado a novela. Es el caso de Billy Elliot, la película británica que causó sensación en el año 2000 y que fue convertida en libro poco después por Melvin Burgess.

Se que  Billy Elliot se proyecta en colegios,  institutos y hasta en  la universidad. ¿Y por qué Billy Elliot? Porque recrea las huelgas de los mineros ingleses durante los años ochenta. La historia del protagonista es lo de menos. Y fue precisamente esa historia, la de un niño que se olvida de los convencionalismos sociales y deja el boxeo por el ballet, la que llama el interés. ¡Qué ejemplo de valentía, de sacrificio, de aceptación! Una obra que transmite valores tan importantes como el respeto, la tolerancia y el dejar que las personas vivan la libertad que Dios les ha dado con su responsabilidad y bajo su libre albedrío. Una película, un musical y un texto literario que están cargados de ternura en personajes como la madre ausente, la abuela con alzheimer, el padre que se muestra sobrepasado por la realidad, los trabajadores que defienden su puesto de trabajo como forma de defender sus propias vidas, los esquiroles, el amigo que despierta a sus instintos con naturalidad y en un entorno hostil…..

Casi veinte años después, de aquella película solo recuerdo la pasión de Billy, porque más allá de recrear un conflicto laboral de enormes consecuencias en el Reino Unido, es ese personaje el que hizo grande aquella película. Y a ese mismo Billy lo encontramos en la adaptación de Melvin Burgess que acaba de publicar SM con las ilustraciones de María Simavilla: un niño con una vida familiar complicada y lleno de dilemas interiores porque lo que desea hacer se sale de la norma. Pero también profundiza en los pensamientos de Jackie Elliot, el padre, que lo hacen más cercano; los de Tony, el hermano y polo opuesto de Billy, y los de Michael, su amigo incondicional, que también nada contra la corriente. Esa es una de las ventajas de la narrativa, que nos permite meternos en las cabezas de los personajes y descubrir qué se esconde detrás de un ceño fruncido.

Tendría que volver a ver la película para deciros si el libro es una adaptación fiel o se toma algunas licencias, pero ¿acaso importa? Billy Elliot es, ante todo, una historia de valores y estos aparecen tanto en una versión como en la otra. Así que ved Billy Elliot, la película y el musical y leed el libro sin preocuparos de encontrar las diferencias. Aprendamos la gran lección que nos da Billy Elliot para crecer como seres humanos.

Vicente Aleixandre

Vicente Pío Marcelino Cirilo Aleixandre y Merlo nació el 26 de abril de 1898 en Sevilla, en el seno de una familia burguesa.En 1900 el padre, ingeniero de ferrocarriles, fue trasladado a Málaga, donde transcurrió la infancia del poeta. Fue condiscípulo de Emilio Prados en el colegio de don Ventura Barranco. En 1909 la familia se trasladó a Madrid, donde el joven Aleixandre cursó el Bachillerato en el colegio Teresiano. En 1914 ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid y en la Escuela de Comercio. En 1919 obtuvo la Licenciatura en Derecho y fue nombrado profesor ayudante de la asignatura Legislación Mercantil Española, a la vez que impartió un curso para extranjeros en la Residencia de Estudiantes y apareció su primer poema publicado, de signo ultraísta y bajo el pseudónimo de Alejandro G. de Pruneda, en la revista sevillana “Grecia”.

En 1927 participó en el homenaje a Góngora y entabló amistad con Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca. El 12 de octubre asistió junto con Dámaso Alonso y Rafael Alberti al estreno, por la compañía de Margarita Xirgú, de Mariana Pineda de Lorca.

En 1929 viajó a Málaga para visitar a los poetas del grupo Litoral: Altolaguirre y Prados, en esa época, y en los años posteriores, se produciría un cambio radical en su concepción poética, tras una larga temporada de reposo debido a su enfermedad. Gerardo Diego lo incluyó en su antología Poesía española (1915-1931). En 1935 conoció a Pablo Neruda y a Miguel Hernández, y colaboró en la revista de Neruda Caballo verde para la poesía. Cuando estalló la guerra en 1936 se quedó en Madrid, en 1937 publicó su semblanza sobre su amigo Federico García Lorca, recientemente asesinado. Al acabar la guerra la casa familiar había quedado destruida, pero en 1942, ya reconstruida, Vicente y su hermana Conchita se trasladaron de nuevo a ella, y permanecieron allí toda su vida.

En 1942 conoció a Carlos Bousoño, apareció en 1944 su quinto libro Sombra del paraíso. En 1949 fue elegido académico de la Real Academia Española, ocupó el sillón de la letra O.

Su obra viró hacia una poesía antropocéntrica que se acercaba las preocupaciones de la poesía social imperante, pero siempre fiel a su concepto de intimidad existencial, a esta etapa pertenecen Historia del corazón, de 1954 y En un vasto dominio, de 1962. En 1969 Poemas de la consumación es distinguido con el Premio de la Crítica. El 6 de octubre de 1977 la Academia Sueca le concedió el Premio Nobel de Literatura.

Murió el 13 de diciembre de 1984.

Para Aleixandre la poesía no consistía tanto en ofrecer belleza, cuanto en alcanzar propagación, comunicación profunda del alma de los hombres. El propio poeta nos dejó una bella definición de la figura del poeta como "una conciencia puesta en pie, hasta el fin", y la historia ha demostrado que lo consiguió ampliamente no solo por la enorme calidad de su producción poética sino por la insobornable ética que marcó su obra y su trayectoria vital.