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Misión, visión, dirección, promoción y coordinación de la actividad pastoral en todas las dimensiones del mundo penitenciario.Es un ministerio de justicia y libertad que abarca toda la acción de las Iglesias cristianas en el ámbito penitenciario.

Lugares en los que se aplica:  Centros de detención e internamiento, Centros Penitenciarios, Parroquias, Institutos Religiosos,  Movimientos Apostólicos, Asociaciones y ONG’s eclesiales y civiles, Hombres y mujeres detenidos, presos, penados, Menores y extranjeros internados, Hombres y mujeres en libertad provisional o condicional, Familias de detenidos, presos, penados. Familias de menores y extranjeros internados. Personas y familias, en situación de riesgo. Víctimas. Funcionarios.

Principales actividades:

Evangelizar el mundo penitenciario

Humanizar  mediante la promoción de los derechos fundamentales

Servir de puente entre la cárcel y la sociedad

Informar y sensibilizar a las comunidades cristianas

Promover y formar agentes pastorales

Apoyar y coordinar recursos, actividades y servicios

Atender a las familias de las personas privadas de libertad

Acoger y atender a víctimas de delitos (mediación, reparación, reconciliación)

Misión de la Capellanía Penitenciaria

En la prevención educativa para erradicar las causas de la delincuencia

En el acompañamiento durante la privación de libertad

En la reinserción social

En la promoción de la justicia en la víctima

Bases bíblicas:  Se predica “una liberación a los cautivos”

Al principio de su ministerio, Jesús dijo que parte de su comisión consistía en “predicar una liberación a los cautivos” (Lucas 4:18). Al igual que su Maestro, los cristianos verdaderos predican las buenas nuevas del Reino a “hombres de toda clase”, liberándolos del cautiverio espiritual en el que están y ayudándolos a mejorar su vida (1 Timoteo 2:4).

Hoy día, las buenas nuevas también se llevan a otro tipo de cautivos: los delincuentes que se hallan en prisión y que desean una liberación espiritual.

Sergei* ha pasado entre rejas 20 de sus 38 años de vida. Hasta tuvo que terminar sus estudios en prisión. “Me encarcelaron por cometer un asesinato —dice—. Aún no he cumplido toda la sentencia. Antes actuaba como un tirano, y los demás presos me temían.” ¿Consiguió con eso sentirse liberado? No. Sergei estuvo esclavizado durante muchos años al tabaco, las drogas y el alcohol.

Cierto día, otro preso le habló de la verdad de la Biblia. Para él fue como ver un destello en la oscuridad. A los pocos meses se libró de sus adicciones, empezó a predicar las buenas nuevas y se bautizó. Ahora Sergei está muy activo en la prisión, pues sirve de evangelizador de tiempo completo. Ha ayudado a siete delincuentes a cambiar y a convertirse en sus hermanos espirituales. Seis de ellos ya han salido en libertad, aunque él sigue encarcelado. Pese a todo, se siente feliz, pues así puede ayudar a otros a librarse de su cautiverio espiritual (Hechos 20:35).

Uno de sus estudiantes fue Victor, quien había sido drogadicto y narcotraficante. Tras su liberación, Victor siguió progresando espiritualmente, y con el tiempo se graduó en Ucrania. Él relata: “Comencé a fumar a los 8 años, a beber a los 12 y a drogarme a los 14. Quería cambiar, pero nunca lo conseguía. Entonces, en 1995, cuando planeaba con mi esposa alejarme de las malas compañías, un maníaco homicida la mató a puñaladas. Se me vino el mundo encima. Me preguntaba: ‘¿Dónde está mi esposa? ¿Qué ocurre cuando alguien muere?’, pero no encontraba las respuestas. Empecé a tomar cada vez más drogas para llenar el vacío de su muerte. Al final me arrestaron por narcotráfico y me sentenciaron a cinco años de cárcel. En prisión, Sergei me ayudó a encontrar las respuestas que buscaba. Había tratado muchas veces de librarme de las drogas, pero solo lo logré con la ayuda de la Biblia, y es que el poder de la Palabra de Dios es impresionante” (Hebreos 4:12).

Delincuentes logran cambiar

Vasyl nunca consumió drogas, pero se hallaba sometido a otro tipo de esclavitud. “Estaba completamente dedicado al kickboxing —explica refiriéndose a una técnica de lucha parecida al boxeo que además incluye dar patadas—. Me entrenaba para vencer a mis rivales sin dejarles marcas.” Vasyl atacaba a la gente con violencia y la asaltaba. “Me encarcelaron tres veces, y, al final, mi esposa se divorció de mí. Durante mi última estancia en prisión, que duró cinco años, empecé a leer la Biblia, pero todavía estaba dominado por mi gran pasión: los combates sin reglas.

”Sin embargo, después de llevar seis meses leyendo la Biblia, noté un cambio. Ya no me producía la misma satisfacción ganar un combate. Así que empecé a analizar mi vida a la luz de Isaías 2:4. Me di cuenta de que si no cambiaba mi manera de pensar, me pasaría el resto de la vida encerrado. Me deshice de todo el equipo de combate y empecé a trabajar con mi personalidad. No fue fácil, pero la meditación y la oración me ayudaron poco a poco a abandonar los malos hábitos. A veces, le suplicaba a Jehová llorando que me diera fuerzas para librarme de mi adicción. Y al final lo logré.

”Cuando salí en libertad, regresé con mi familia. En la actualidad trabajo en una mina de carbón, y dispongo de tiempo para predicar con mi esposa y atender mis obligaciones en la congregación.”

Mykola y sus amigos asaltaron varios bancos en Ucrania. Cuando lo atraparon, le impusieron una condena de diez años. Antes de ingresar en prisión, solo había asistido a la iglesia una vez: para preparar el atraco a esa misma iglesia, algo que nunca llegó a concretarse. Aquella visita le hizo pensar que la Biblia era un libro lleno de historias aburridas sobre sacerdotes ortodoxos, velas y fiestas religiosas. “No sé exactamente por qué —dice él—, pero un día me puse a leer la Biblia. Quedé sorprendido, pues era muy diferente a lo que me había imaginado”. Solicitó un estudio bíblico y se bautizó en 1999. A cualquiera que lo conozca ahora le costará creer que este humilde siervo ministerial fue tiempo atrás un peligroso asaltante de bancos.

Vladimir fue condenado a la pena de muerte. Mientras esperaba su ejecución, oró a Dios y le prometió servirle si llegaba a salvarse. La ley cambió, y le conmutaron la pena capital por cadena perpetua. A fin de cumplir su promesa, Vladimir empezó a buscar la religión verdadera.

Los presos no son los únicos que agradecen el servicio de los capellanes evangélicos. Las instituciones penitenciarias y los gobiernos de la mayoría de los países, así como los familiares y amigos de los reclusos, apoyan este servicio y lo solicitan continuamente.

 “Recuerden a los que están en cadenas de prisión”, escribió el apóstol Pablo a sus hermanos cristianos, refiriéndose a los que cumplían sentencia por motivo de su fe (Hebreos 13:3). Los cristianos no se olvidan de los que están presos. Por eso, visitan las prisiones y predican “una liberación a los cautivos” (Lucas 4:18).