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Estar sujetas a nuestros maridos, ser de consuelo, de apoyo, fieles, dóciles a ellos.. La mujer sumisa reconoce la autoridad de su marido, y en la medida de lo posible, respetando todos los principios bíblicos y la ética cristiana por encima de todo, le confiere honor y prominencia, pero no deja de participar activamente en el engrandecimiento del matrimonio y de la familia, porque “la mujer sabia edifica su casa” (Proverbios 14.1).