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El libro de Daniel muestra que él era un hombre fiel de Dios. Cuando el rey Nabucodonosor amenazó con destruir a todos los hombres sabios si no le decían cuál había sido su sueño y cuál era la interpretación, Daniel y sus amigos pidieron un momento para poder ir delante de Dios en oración, pidiéndole que les revelara la información (Daniel 2:18). Cuando Dios respondió su oración, Daniel le agradeció y lo alabó por haberle concedido su petición (vv. 20-23). Más tarde, Daniel nuevamente demostró su fe orándole a Dios aunque sabía que al hacerlo estaba poniendo su vida en peligro (Daniel 6:10). La fidelidad de Daniel a Dios hizo que terminara dentro del pozo de los leones y sus detractores estaban seguros que él sería devorado. Pero Dios envió un ángel, que “cerró la boca de los leones” (Daniel 6:22), y Daniel fue milagrosamente protegido.