Rebeca Díez nos comparte esta reflexión en este día. Todos los días experimentamos sed. Todos los días necesitamos tomar algo que sacie nuestra sed. Algunas veces la sed es tan intensa que se nos seca la boca y se nos parten los labios… Dios nos creó así, para que después de dos o tres horas de no haber tomado nada, tengamos sed. Entonces, podríamos decir que nuestra sed es insaciable y nada puede saciar completamente y permanentemente nuestra sed.

La buena noticia es que Dios amó al mundo de una forma tan inmensa que envió a su Hijo unigénito para que todos los que tengan sed y crean en El, no se pierdan mas tengan vida eterna. Jesus dijo: “si alguno tiene sed, venga a mi y beba. El que cree en mi como dice la escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.”

El agua que sacia la sed eternamente la da Jesucristo. El dice: Yo le daré. Nadie mas nos pueda darnos agua que sacie nuestra sed, solo Cristo la tiene y solo Cristo la ofrece.