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La envidia es un sentimiento de tristeza, dolor, enfado o desdicha por no poseer lo que otra persona tiene, sean bienes materiales, dones, talentos, cualidades, relaciones, logros y muchas otras cosas.

La envidia siempre se sembrará como una semilla, pero crecerá y dará fruto en un corazón desagradecido, ya que el que está agradecido con lo que tiene, siempre estará feliz y contento sin anhelar lo que otros logran y poseen. El corazón agradecido tiene claro que cada persona es individual, por lo tanto cada uno lleva un ritmo de vida diferente, sus tiempos son diferentes, sus dones, cualidades, talentos y relaciones son diferentes. Sería terrible que dos personas vivieran la misma vida, consiguieran las mismas cosas y tuvieran los mismos logros, al mismo tiempo y en el mismo momento, su individualidad estaría truncada y dejaría de ser único.

Por esa razón la envidia es una lucha sin sentido, porque por mucho que luchemos por tener lo mismo que otros tienen, siempre en nosotros será diferente, sencillamente porque somos otras personas, tenemos otra vida, nada es igual.

Debemos tener cuidado y no guardar envidia en el corazón, ya que el libro de Proverbios 27 dice que la ira es cruel y el enojo es destructor, pero la envidia es peor que ellos, la envidia es más que cruel y más que destructora, la envidia hunde un corazón, lo oprime, lo llena de tristeza y le roba la esperanza, lo llena de dolor y sufre ante la impotencia por no tener lo que se desea de otra persona.