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Mari Carmen nos narra pequeños poemas escritos por María Gónzalez, emitidos en Radio Solidaria y Solidaria TV A los ojos de Dios, la vida —sobre todo la vida humana— es sagrada (Génesis 9:6; Salmo 36:9). También lo es la vida de la criatura que está en el vientre de su madre, el lugar que Dios diseñó para que los bebés estén protegidos durante su formación. Un escritor de la Biblia cantó a Dios: “Me tuviste cubierto en resguardo en el vientre de mi madre”. Y añadió: “Tus ojos vieron hasta mi embrión, y en tu libro todas sus partes estaban escritas, respecto a los días en que fueron formadas” (Salmo 139:13, 16).

Lo que Dios piensa sobre la vida de un bebé no nacido se refleja, por un lado, en la Ley que dio a la nación de Israel, y por otro, en nuestra propia conciencia. La Ley establecía que si una mujer embarazada perdía el bebé a causa de una agresión, el culpable merecía la pena de muerte. Así, el asesino pagaba la vida de la criatura con la suya propia (Éxodo 21:22, 23). Los jueces primero tenían que evaluar las intenciones y circunstancias de cada caso (Números 35:22-24, 31).