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Marcos Díez nos comparte esta reflexión en este día. En el servicio a Dios también debe evidenciarse un gran amor al prójimo. “Nos hicimos amables en medio de ustedes, como cuando una madre que cría acaricia a sus propios hijos”, escribió el apóstol Pablo a la congregación de Tesalónica (1 Tesalonicenses 2:7). Aunque en muchos países la ley obliga a las madres a cuidar de sus niños, es obvio que la mayoría no obra así por simples exigencias legales, sino por el amor que les tienen. Es innegable que en la etapa de la lactancia la madre realiza con gusto grandes sacrificios por sus hijos. Como Pablo profesaba semejante “tierno cariño” por aquellos a quienes ministraba, le fue “de mucho agrado” (‘estuvo dispuesto a’, Biblia del Peregrino; ‘se deleitó en’, Nueva Versión Internacional) utilizar la propia vida para ayudarles (1 Tesalonicenses 2:8). El amor nos incita a imitar el ejemplo de Pablo (Mateo 22:39). .