José Jesús nos comparte esta reflexión en este día Nuestro “yo” siempre se niega a retroceder o disminuir. Esto es lo natural, pero cuando recibimos a Jesucristo como Salvador personal se establece una lucha entre ese "yo" (la carne) y el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros. El resultado ideal debe ser quitar el primer lugar al "yo" y cederlo al Señor. Esto es extremadamente difícil a menos que mengüemos más y más al extremo de morir para que Cristo viva en nosotros. Como dijera el apóstol Pablo en su carta a los Gálatas: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.” (Gálatas 2:20).