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Mikel Díez nos comparte esta reflexión en este día Somos hijos de Dios, esa es nuestra identidad. Comprados por la sangre del perfecto Hijo de Dios, nuestro Salvador. Apartados del mundo y del pecado. Escogidos, predestinados y conocidos desde antes de la fundación del mundo por el Dios soberano, para ser resucitados, santificados y glorificados en Jesucristo, según el designio de Su voluntad.