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Debemos aprender a perdonar. En primer lugar porque debemos vivir en paz. Al perdonar logramos mantener y recuperar la paz. En segundo lugar, para no recordar y volver a sufrir. Perdonar es poder recordar sin dolor. Y en tercer lugar, perdonar es poder reconciliarnos con los demás.

La familia debe reforzarse. Debemos hacer el esfuerzo de vivir en familia y compartir. No podemos dejar que se pierda el diálogo familiar.

Dios nos da propuestas del camino que debemos seguir, sin embargo, deja que nosotros decidamos sí queremos seguirlo o no. La voluntad de Dios es que le sigamos con libertad. Somos libres de hacer lo que queramos.

Muchas veces tenemos dudas sobre nuestra fe, sin embargo, debemos saber que la verdadera fe se da con total entrega a Dios. Al aceptar la verdadera fe podremos vivir las experiencias más maravillosas que podamos imaginar.

Debemos vivir la fe con total entrega de nuestro corazón, no ser mezquinos ni inconstantes, sino vivir en un estado continuo de entrega. La fe debe ser como el amor; cuando estamos enamorados nos entregamos por completo.

Dios siempre toma la iniciativa para llamarnos y nos presenta una misión. Está misión comienza por ser felices y continua por muchas otras propuestas. Por lo general, ponemos objeciones a estas propuestas ya que no queremos salir de nuestra zona de tranquilidad y vemos muchos obstáculos de antemano, sin embargo, debemos saber que Dios siempre resuelve las objeciones, por lo que todo depende de nuestra decisión.