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Desarrollar una relación más estrecha con Dios es una meta admirable y refleja un corazón verdaderamente renacido, porque sólo aquellos que están en Cristo desean una relación más cercana con Dios. También debemos entender que en esta vida nunca seremos tan cerca de Dios como deberíamos ser o deseamos de ser.

La razón de esto es el pecado persistente en nuestras vidas. Esto no es una deficiencia de parte de Dios, sino de nosotros; nuestro pecado sigue siendo un obstáculo para la comunión plena y completa con Dios, que se realizará una vez que estamos en la gloria.

Incluso el apóstol Pablo, que tenía una relación con Dios tan estrecha como uno probablemente podría tener en esta vida, aún anhelaba una relación más cercana: "Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe." (Filipenses 3:8-9). No importa dónde estamos en nuestro caminar con Cristo, siempre podemos tener un andar más cercano, y, aun glorificados en el cielo, tendremos toda la eternidad para crecer en nuestra relación con el Señor.