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Moisés no espero hasta llegar al monte Pisga para tratar de seleccionar al sucesor de la tarea que Dios le había encargado. Ya había un Josué que desde joven había servido con Moisés. Había peleado junto a su líder las batallas de Dios.

La transición hacia Josué estuvo acompañada de momentos importantes: El Espíritu de Dios estaba con él y las manos de Moisés habían sido puestas sobre su cabeza (Números 27:10) en señal de empoderamiento de una generación a otra.

En obediencia Moisés se preocupó por adiestrar a su relevo, insisto en que no sé si Moisés se hubiese fijado antes en Josué o simplemente le tuviese como su ayudante y quizás tendría otro candidato para ser su sucesor, lo cierto sí es que no lo escogió él. Dios ha elegido ya quien nos relevará. Es a él a quien le corresponde esa elección.