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Diego Acosta nos comparte este pequeño devocional para meditar en este día. Prestando un mínimo de atención se puede comprobar como quienes nos llamamos hijos de Dios, estamos como temerosos de mostrar lo que somos.

Asumo mi propia responsabilidad en este asunto, porque el mundo va ocupando los lugares que torpemente estamos cediendo. Es necesario y me lo digo cada día, que recuperemos el Mandato de Jesús y afirmar con rotundidad lo que Él hizo en mi vida y lo que puede hacer en la vida de cada persona.

No puedo y no debo silenciar esta Grandiosa Obra, como si se tratara de un secreto familiar o de un hecho del que mejor es no hablar. ¿Hasta cuando me esconderé en mis torpes argumentos para estar callado, para no mostrar ninguna señal que me pueda relacionar con Jesús?

La conquista del Reino es para los valientes, no para quién se escuda en el temor, en la falta de oportunidad o en miserable pretexto de no escandalizar a nadie.

Me digo y me repito: ¡La hora ha llegado! No me digo, está llegando, porque sería postergar una vez más mi cumplimiento del mandato de hablar de las ¡Buenas Nuevas! (Romanos 1:16).