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Diego Acosta nos comparte este devocional para meditar en este día. Cuando era niño me enseñaron que había cosas que no se debían hacer. No fueron enseñanzas de padres creyentes, sino de padres preocupados por sus hijos.

Simplemente eso. Con el tiempo tuve que enseñar a mis hijos, exactamente lo mismo: Hay cosas que es mejor no hacer.

Y ahora, con mis nietas, está ocurriendo el mismo proceso. Y por qué esta preocupación que se continúa de generación en generación? Por la necesidad que tenemos los seres humanos, de crecer bajo un mínimo de normas, que nos aseguren una convivencia basada en el respeto, por encima de otras consideraciones.

Por estas razones, ahora cuando observo como el desnudo es parte de un deplorable intento de llamar la atención, no me escandalizo pero si me preocupo.

Desnudarse en público una y otra vez, solo revela la pobre consideración del valor como ser pensante, del escaso sentido del pudor bien entendido y un exceso de vulgaridad evidente.

El Eterno nos ha dado normas precisas, para que respetemos la desnudez en todas las situaciones imaginables. Como siempre, ¡esas normas son lo mejor para cada uno de nosotros!