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Diego Acosta nos comparte este devocional para meditar en este día. Recuerdo que cuando era niño se decía de una persona que hacía buenas obras, que tenía un…corazón de oro.

Seguramente en estos tiempos aquellas buenas acciones, habrán quedado en el pasado y se pueda seguir diciendo de algunas personas que tienen corazón de oro, pero por motivos diferentes.

¿Que quiero decir con esto? Que infelizmente en nuestros días hay muchas personas que tienen el corazón de oro, porque lo único que ambicionan es el dinero.

Tristemente se puede afirmar, que aquellos hombres y mujeres de las buenas obras de mi infancia, se han ido convirtiendo en personas ambiciosas, codiciosas que aman el dinero por encima de todo y de todos.

Creo que es uno de los síntomas de la sociedad en la que vivimos, que la vuelven dura, despiadada, sin límites morales, donde todo está permitido menos la derrota.

¡Volvamos nuestros ojos a Jesús! Con un corazón de oro no puedo seguir al Hijo del Hombre, pero con nuevo corazón si lo puedo servir!