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Diego Acosta nos comparte este devocional para meditar en este día. Las efemérides recuerdan el día en que una tormenta atemorizó al joven Martin Lutero, cuando regresaba a su casa. ¡Ese día verdaderamente comenzaba la Reforma!

Quienes creemos en la Soberana Voluntad de Dios, legítimamente podemos afirmar que de esa manera tan singular, comenzó a cumplirse el Propósito que tenía con el hijo de una pareja de alemanes, que nada tenían de singulares.

Solamente el Eterno conocía como nadie la naturaleza del joven Martin, su sensibilidad y su temor ante determinadas manifestaciones de la naturaleza. De esta manera provocó la promesa de Lutero de hacerse monje.

Pensemos: Si él no hubiera sido monje, como hubiera enfrentado a la iglesia católica con sus Tesis? Si Lutero no hubiera ingresado en los agustinos, que es una de las órdenes mendicantes, como hubiera percibido la gravedad que tenían las indulgencias ofrecidas por Roma?

Si aquel joven estudiante de abogacía no hubiera contrariado a su padre con su decisión y perdido su ayuda, como podría haber ingresado en una orden, cuyos miembros vivían de pedir a las personas para alimentarse?

Lutero prácticamente no tenía otra salida que hacerse monje como había prometido y además en esa orden tan singular, para cumplir con el Plan del Altísimo para su vida. Nuca olvidemos, que en cada hecho, en cada circunstancia de la vida, siempre está presente la Decisión del Supremo.

Lutero fue un hombre como todos los hombres, pero lo que no debemos olvidar es que él fue el elegido por Dios