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Diego Acosta nos comparte este devocional para meditar en este día. Provoca mucha tristeza en mi ánimo, comprobar cómo hay personas que ante la menor dificultad dejan de esforzarse y cumplir con lo que deben. Esto es fácilmente verificable en el mundo, pero también tristemente entre quienes nos llamamos hijos de Dios y por lo tanto es doblemente más grave. ¿Por qué abandonamos los propósitos que tenemos que cumplir?

Esta pregunta y su respuesta están en relación directa con nuestro crecimiento espiritual, que al verse sometido a la menor presión, no resiste la prueba.

¿Estoy verdaderamente preparado para la adversidad?

Puede que sorprenda este interrogante, pero resulta fundamental plantearlo porque es la mejor manera de probar que soy un hijo de Dios y que estoy en condiciones de afrontar todo lo que eso significa.

No voy a dejar de hacer lo que tengo la convicción que debo hacer, solo porque tengo una dificultad. Precisamente para eso y por eso, por mis humanas debilidades, cuento con la fortaleza y el apoyo de Dios y de su Hijo.

¡No estoy solo frente a la adversidad!

Sabiendo y creyendo en esto, seré fiel a lo que se me ha mandado y el Eterno no pondrá en otras manos, lo que le encomendó a las mías. Mi parte del Plan del Altísimo, la cumpliré yo.