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Jose Jesús nos comparte esta reflexión en este día. En nuestras vidas sucede que hay puertas que necesitan ser cerradas y en su momento viene Dios y cierra esas entradas para que nada nos llegue y nos lastime, o nos haga vivir cosas que no deberíamos vivir, mas sin embargo, a veces cometemos el error de impedir que sean cerradas o nosotros mismos las volvemos a abrir y la mayoría de las veces lo hacemos sin darnos cuenta.

Y es que basta con tan solo un pequeño descuido para que el enemigo aproveche y quiera entrar a traer nuevamente a nuestra vida las cosas que Dios ha sacado, sentimientos o errores pasados, cosas que ya nos han sido perdonadas y problemas o circunstancias que en su momento ya habían sido superadas, pareciera que detrás de esas puertas a veces nos cuesta cerrar, está el gran diluvio esperando entrar a destruirnos.

Muchas veces pedimos que nos sean abiertas las puertas de bendición, puertas por las que a veces estamos pidiendo sean abiertas, puertas por las que entren la paz y prosperidad, pero hay otras mas que son cerradas por nuestro bien, y así es que debemos mantenerlas, cada puerta que se cierra es como el fin de un ciclo, las puertas de lo que hace daño son difícil de cerrar pero muy fácil de abrir, para cerrar una necesitamos la ayuda de Dios, pero para abrirla basta con cometer una serie de errores que poco a poco la vuelvan a abrir, las puertas del dolor, del resentimiento, del pecado, están hechas para mantenerse cerradas, para no volverlas a abrir, es cierto que las puertas que Dios cierra nadie mas las abre, pero hay ocasiones que nosotros seremos responsables de poner de nuestra parte para que así permanezcan.