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Jose Jesús nos comparte esta reflexión en este día. Ahora, para aprender de Cristo, para ser manso y humilde de corazón, debemos librarnos de los deseos de ser estimado, ser tan amado, ser buscado, ser alabado, ser honrado, ser preferido a otros, ser consultado, ser aprobado, ser halagado, como además no tener temor de ser rechazado, ser olvidado, ser puesto en ridículo, ser burlado, ser injuriado, que los otros sean más queridos que yo, y tampoco debemos preocuparnos de que los otros puedan crecer en la opinión del mundo y yo disminuir, que los otros sean alabados y yo criticado, que los otros sean preferidos a mí en todo y yo postergado, que los otros puedan ser más santos que yo con tal de que yo sea todo lo santos que Dios quiera.

Frente a una tarea tan difícil, nos queda la permanente oración suplicando: Amado Jesús, haz mi corazón semejante al tuyo, “manso y humilde de corazón”, porque también necesito hallar descanso para mi alma.