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Mikel Díez nos comparte esta reflexión en este día. La maldad se arregla en vestidos justos e imita el lenguaje de la santidad. Pero los preceptos de Jesús, como su famoso azote de pequeñas cuerdas, lo persiguen fuera del templo, y no lo tolerarán en la Iglesia. Así también, en el corazón donde Jesús reina, ¡qué guerra hay entre Cristo y Belial!

Y cuando nuestro Redentor venga a ser nuestro Juez, esas palabras trémulas, "Apartaos, malditos" que son, en verdad, una prolongación de su vida-enseñanza acerca del pecado, manifestarán su aborrecimiento de la iniquidad. Tan ardiente como es su amor a los pecadores, tan ardiente es su odio al pecado.