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Mikel Díez nos comparte esta reflexión en este día. El tiempo de Dios es diferente al tiempo de nosotros, los humanos. Su tiempo es establecido por Él mismo, Él es soberano, por lo cual, su tiempo es perfecto, todo pasa cuando tiene que pasar y deja de pasar cuando debe dejar de pasar, no hay "buenos tiempos" o "malos tiempos" para Dios. El problema en este mundo es que nosotros los humanos somos impacientes por naturaleza, nos gustan los resultados y nos gustan RÁPIDO, y aquí es cuando surge un descontento con la voluntad de Dios.

No debemos desesperarnos, debemos mantener la convicción, la certeza y la fe de que Dios está "trabajando" por eso que estamos esperando de Él, que su tiempo nos alcanzará y será entonces cuando veremos la dicha, no cuando nosotros "queramos" que suceda sino cuando Él lo decida.

A veces pensamos que Dios se ha olvidado de nosotros (por lo menos, a mi me pasan esos pensamientos de vez en cuando) pero luego vuelvo a la realidad, a mi convicción de que quizás Él está permitiendo las cosas para un aprendizaje mayor en mi via, para llegar a conocerle más.