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Hablar con otros hermano, siempre contribuye a contrastar las propias ideas con las de otros y de esta manera ampliar nuestra visión de Dios.

No se trata solo de contrastar sino de confrontar los pensamientos con lo que nos enseña la Palabra, para buscar ser cada vez mejores.

Recuerdo con mucho cariño a una anciana maestra que nos decía que el hablar es un arte que hay que preservar, porque en el fondo lo que significa es aprender a escuchar.

Jesús supo escuchar las inquietudes de los que estaban con ÉL, dejándoles el mensaje adecuado en cada circunstancia.

Si no sabemos escuchar no aprenderemos a interceder por las necesidades de quienes nos rodean, simplemente porque no sabremos cuales son. Cada vez que tengo oportunidad de orar por las necesidades de otra persona, aprecio que estoy cumpliendo el Mandato del Hijo del Hombre, relacionado con el Amor y la Misericordia.

Por tanto pido Sabiduría al Eterno para que ayude a luchar contra mi ego y me permita hacer partícipe de las necesidades del prójimo. Que me enseñe a llorar con el que llora.