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Temerariamente seguimos desdibujando la infinita Majestad de Jesús, tornándolo un personaje cada vez más pequeño. En lo personal, he pedido perdón, por haber participado con tontería extrema, en esta infame acción de hacer a menos al Hijo del Hombre.

Es evidente que cada día que pasa, el mundo nos influye tremendamente, a tal punto que estamos perdiendo el rumbo nada más y nada menos que con la Cabeza de la Iglesia a la que pertenecemos. Si aceptamos esto, que queda de nuestra fe? Seremos hojas movidas por el viento mundano? O seremos hombres movidos por el Mandato de llevar el Mensaje de Esperanza?

En este tiempo que me toca vivir, tengo la absoluta certeza de haber comprendido cuál es mi papel en esta página de la Historia. Puede que resulte grandilocuente, pero es así. Nadie puede hacer mi parte, ni yo la de otro. Pero en el Juicio cuando se me demande lo hecho y lo dejado por hacer, voy a tratar de tener una respuesta digna.