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Si hablo mucho, estoy impidiendo que el Espíritu Santo concrete su obra. Un maestro le decía a su discípulo en el ministerio evangélico, que uno de sus principales errores era el de hablar demasiado. El alumno le replicó que si no hablaba, ¿como iba a llevar el Mensaje de Salvación? Callando, fue la respuesta.

Para mi sorpresa el argumento fue tan contundente como expresivo de lo que significa entender lo que la Biblia enseña y no lo que nos gustaría que diga.

Hablar mucho no significa evangelizar, pero puede ser una forma de manifestación de nuestro ego, al escucharnos lo bien que nos expresamo. Allí terminó el dialogo entre maestro y alumno, dejándome pensativo con relación a lo que había escuchado.

¿Podía que el alumno tuviera razón? De ninguna manera, porque hablar más de lo debido, puede llevar al aturdimiento o al aburrimiento de la persona que escucha. Y lo más importante: Si hablo mucho, estoy impidiendo que el Espíritu Santo concrete su Obra. No soy yo el que convence, es su Poder el que transforma.