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Más de una vez me sorprendí ante lo que me imagino en mi propia mente. Más de una vez me sorprendí ante lo que me imagino en mi propia mente: ¡Un auténtico mercado!

¿Por qué he llegado a pensar semejante cosa?

Porque así es como cada día vamos incorporando nuevos elementos a nuestra memoria, que parece no tener límite en su capacidad para admitirlos. Y me sigo preguntando: ¿Esto es bueno o es malo?

Naturalmente que si nos referimos a lo que incorporamos, debemos ser extremadamente selectivos, porque estamos recibiendo del mundo una influencia más que perniciosa.

Entonces, ¿como hago para controlar este aluvión indeseable?

Administrando con sabiduría no solo mi tiempo sino también las ideas que soy capaz de absorber.

Siendo sabio con el tiempo, lo dedicaré a lo que verdaderamente me resulta provecho, desechando todo aquello que signifique malgastar, aunque sea un minuto de mi vida.

Siendo sabio, también tendré que ser capaz de desechar todas las ideas o pensamientos que no provengan ciertamente del Eterno Todo lo demás, es como estar en un lugar donde todo se compra y todo se vende.