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El papa Inocencio IV firmó la bula Ad extirpanda, que legitimó la práctica de la tortura como un instrumento para la confesión de los herejes que estaban siendo sometidos a investigación por la inquisición. El papa Inocencio IV firmó la bula Ad extirpanda, que legitimó la práctica de la tortura como un instrumento para la confesión de los herejes que estaban siendo sometidos a investigación por la inquisición.

De esta forma se validó el tormento para lograr declaraciones que luego determinarían la muerte en la hoguera a los herejes que reincidían en sus actitudes o que a pesar de haberse arrepentido, volvían a violar las normas.

La bula estaba dirigida especialmente en contra de quienes se resistían a abandonar sus posturas teológicas, contrarias a las establecidas por la iglesia romana.

La herejía era un delito muy difícil de probar por los inquisidores, por lo que al ser autorizados a ejercer la tortura, tuvieron medios que se consideraron adecuados para obtener confesiones que servirían para imputarlos.

La bula fue emitida el 15 de mayo de 1252 y luego fue ratificada por otros dos papas de la iglesia romana: Alejandro IV cuatro años más tarde en 1259 y por Clemente IV en el transcurso de 1265.

La iglesia romana en tiempos muy tempranos estableció la tortura que se extendería como práctica en varios países hasta bien avanzado el siglo XIX, con la derogación en España del tribunal de la santa inquisición.