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Pensando sobre el Mandato de hacer lo que esté en nuestras manos, miré las mías y me dije: Eran fuertes, pero ahora no lo son, eran diestras pero ahora son torpes... Pensando sobre el Mandato de hacer lo que esté en nuestras manos, miré las mías y me dije: Eran fuertes, pero ahora no lo son, eran diestras pero ahora son torpes...

Estaba inventando excusas?

Puede que sí!

Pero siempre prevalece en mí la certeza de que la única manera de demostrar mi condición de discípulo del Hijo del Hombre, es sirviendo, como ÉL predicó a todas las generaciones.

Y así fue como concluí que a pesar de que mis manos ya no tienen fuerzas y carecen de la destreza de otros tiempos, siempre habrá algo que pueda hacer para extender el Reino.

Podré hablar, por ejemplo. Podré contar a otros lo que Jesús hizo por mí y lo que tengo la certeza que seguirá haciendo, mucho más a partir de ahora en que el final personal está más cerca.

Tengamos dispuestas nuestras manos! El Eterno siempre pondrá en ellas la Obra que ÉL quiere que hagamos.