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En una congregación de la que formaba parte, llamaba poderosamente la atención una hermana que con sus gestos parecía adorar al Señor a extremos casi inimaginables. En una congregación de la que formaba parte, llamaba poderosamente la atención una hermana que con sus gestos parecía adorar al Señor a extremos casi inimaginables.

Tanto impactó, que incluso se la llegó a considerar para que ocupara un lugar de responsabilidad dentro de la vida de la Iglesia, poniéndola como ejemplo.

Hubo algunos como yo, que sugerimos tener prudencia antes de dar pasos tan importantes, para poder valorar con el tiempo, como podrían ser los comportamientos futuros de la hermana.

Pero, el Eterno siempre pone las cosas en su lugar, algunas veces antes o después, pero siempre en el momento correcto. Como fue este caso que recuerdo, porque inesperadamente tuvimos conocimiento de cómo era en realidad la vida de la hermana.

Recuerdo que fue una dolorosa comprobación, porque la prudencia que reclamábamos se vio confirmada por los hechos y lo que parecía una hermosa relación con Dios, no era otra cosa que el ocultamiento de una penosa realidad.