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Escuchando a un amigo pastor, me llamó la atención la levísima alusión que hizo sobre el pecado, una de las situaciones más conflictivas que se pueden afrontar en una congregación. Escuchando a un amigo pastor, me llamó la atención la levísima alusión que hizo sobre el pecado, una de las situaciones más conflictivas que se pueden afrontar en una congregación.

Me explicó que había que tener en cuenta muchas cuestiones en los mensajes que se hacían en las Iglesias y una de ellas, era la de considerar su propia existencia económica.

Él mismo se encargó de aclararme el por qué de esa actitud y que me causó una profunda preocupación, porque estaba evidenciando una especie de abandono de aquello que consideramos fundamental.

Ante mi sorpresa, continuó: Debo de tener cuidado de no afectar los ingresos mensuales y ser muy prudente con el enfoque relacionado con determinados temas que pueden provocar que algunos creyentes abandonen la congregación.

Confieso que me embargó una profunda pena, por mi amigo y por mí, porque yo no estaba seguro de como obraría en circunstancias semejantes. Me temo, que haría lo mismo que él, que no es otra cosa que alejarme de Jesús.