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En estos tiempos debemos prepararnos para ver cosas inauditas. Entre ellas barcos pintados de oro, motos y también autos. Todos relucientes, groseramente llamativos. Hay quienes aseguran que nos pasamos la vida pidiendo!

Y es verdad, solo que es preciso saber qué es lo que pedimos!

Podemos pedir lo superfluo, aquello que satisface nuestra vanidad o nuestro torpe deseo de complacer lo que el mundo nos recuerda para... sentirnos bien.

Cuando pienso en la acción de pedir al Creador, me imagino otra cosa. Que debo pedir lo que es imprescindible, esencial, aquello que ÉL mismo enseñó en la Oración fundamental.

EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA!

Esto sí que debo pedir, pues tiene relación directa con mi necesidad más elemental y porque revela que en mi corazón hay una auténtica dependencia con el Señor.

Tener en cuenta esto, nos llevará verdaderamente a establecer que en nuestra relación con el Eterno prevalece la dependencia más total y absoluta, para que ÉL sea nuestro Proveedor.

Desde hoy, pediré el PAN NUESTRO DE CADA DÍA!