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A fuerza de conocer detalles de la forma en que está creciendo la maldad en el mundo, vamos perdiendo la capacidad de asombro y por tanto la capacidad de repudiar lo malo. A fuerza de conocer detalles de la forma en que está creciendo la maldad en el mundo, vamos perdiendo la capacidad de asombro y por tanto la capacidad de repudiar lo malo.
Por esta razón es que advertimos acerca de la necesidad de no anestesiarnos, a no permitir que cada día más, nos resulte indiferente lo que sucede.
No importa donde ocurre, ni si está lejano o cercano, lo que nos debe impactar es que poco a poco vamos justificando de un modo o de otro, aquello que no es otra cosa que un nuevo triunfo de a maldad de la especie.
El caso en la India de la niña de tres años que fue secuestrada, violada y decapitada, no debe conmovernos por lo morboso del caso, debe afectarnos porque tres hombres mayores fueron capaces de semejante barbaridad.
No permitamos que la maldad cotidiana, afecte nuestra conciencia. Y nos haga inmune ante el dolor y la obra del enemigo de la fe.