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Los hombres y mujeres que forman la llamada clase política, reclaman que no son considerados como se merecen. Y como todas las cosas, todo depende de la visión que la sociedad tenga de ellos, que generalmente se basa en las actitudes públicas en relación con su vida privada y los tribunales. Los hombres y mujeres que forman la llamada clase política, reclaman que no son considerados como se merecen.
Y como todas las cosas, todo depende de la visión que la sociedad tenga de ellos, que generalmente se basa en las actitudes públicas en relación con su vida privada y los tribunales.
Un caso concreto, es el de aquellos políticos que son sospechados, con razón o sin ella, pero que se mantienen en sus funciones, hasta esperar ser absueltos por la justicia.
O incluso llegar a ser candidatos por sus partidos, a pesar de tener causas o sentencias pendientes. Y puede razonarse: Es creíble alguien que tenga esos comportamientos?
En Alemania, la persona que iba a participar en la consulta interna de la social democracia -SPD- a su máxima jerarquía, renunció por estar bajo juzgamiento por la Universidad Libre de Berlín, su trabajo para el doctorado en Ciencias Políticas en el año 2009.
Entre las normas no escritas de la política alemana figura el principio según el cual la mera sospecha tiene suficiente peso como para impulsar una dimisión.
Puede resultar excesiva la norma, pero es saludable para mantener la higiene de la vida pública. La señora Franziska Giffey, honra la norma y eso la enaltece y la aparta de su postulación.