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Si en la Primera Guerra se vivieron escenas inimaginables con la lucha en las trincheras, el uso de gases venenosos y la aparición de la aviación como nuevo elemento militar, en la Segunda, se puede afirmar que el hombre perfeccionó su capacidad de destrucción.



En tan solo 26 años los hombres se enfrentaron en dos grandes guerras mundiales, que dejaron un saldo que desde la perspectiva temporal asombra y horroriza.

Si en la Primera Guerra se vivieron escenas inimaginables con la lucha en las trincheras, el uso de gases venenosos y la aparición de la aviación como nuevo elemento militar, en la Segunda, se puede afirmar que el hombre perfeccionó su capacidad de destrucción.

La maquinaria política llevó al Holocausto, a la muerte indiscriminada de civiles indefensos en las ciudades y también al uso de dos bombas atómicas contra poblaciones urbanas.

Más de 70 millones de muertos entre los dos conflictos nos deben confrontar con la capacidad que tenemos los humanos para matar y destruir, cuando nos alejamos de Dios.

El uno de Septiembre se conmemoró el inicio de la Segunda Guerra, cuando a las 4.26 de la madrugada, fuerzas aéreas nazis, atacaron posiciones de Polonia, iniciando la invasión al país que marcaría el comienzo de la confrontación.

Al recordar el 80 aniversario del inicio del segundo conflicto mundial que protagonizó la especie, deberíamos de hacer memoria de la propuesta de Vida que el Eterno nos dejó a través de su Hijo.