Hazte socio de radio solidaria

Jesús amonestó severamente a sus discípulos, cada vez que incurrían en la grave falta de no ser sinceros. Haría exactamente lo mismo conmigo, cada vez que esbozo una sonrisa ante quién no la debería hacer, mintiendo y mintiéndome, en un hecho que llama a la reflexión. Jesús amonestó severamente a sus discípulos, cada vez que incurrían en la grave falta de no ser sinceros.

Haría exactamente lo mismo conmigo, cada vez que esbozo una sonrisa ante quién no la debería hacer, mintiendo y mintiéndome, en un hecho que llama a la reflexión.

Nadie nos ha mandado que seamos amigos de todas las personas que nos rodean. Eso es absolutamente cierto. Pero nadie nos ha mandado que simulemos ser amigos de todos, cuando no es verdad.

Si profundizo en el tema, me imagino a cuántos hermanos sonrío y me sonríen, cuando en mi interior no tengo el menor motivo para hacerlo y de igual modo los demás.

Y esto revela la gravedad de nuestros comportamientos en las congregaciones, donde cada día se simula, se miente, se simula, se trastoca lo bueno por malo.

Debo ser sincero, comenzando por mi propia persona, porque así demostraré que soy digno de respeto y porque así aprenderé a respetar a mis hermanos.

Así lo exige Jesús!