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Daniel Valuja nos comparte una reflexión en una noticia de actualidad.

“Carlos y Fernando son dos conocidos flamencos del centro de naturaleza de Slimbridge en Reino Unido. Ambos machos forman pareja desde hace muchos años, algo que no es inusual en su especie. Acostumbraban a robar huevos de otros nidos hasta que los responsables del centro les proporcionaron un huevo fecundado. Tras la eclosión cuidaron del pollito como si fuera propio”.

La historia de Carlos y Fernando es solo una de los centenares de ejemplos de diversidad sexual que se han documentado en la naturaleza: pingüinos, lobos, ranas, bonobos, ciervos, toros bravos, moscas, escarabajos y delfines están entre las especies en las que se ha observado con frecuencia comportamientos homosexuales. Lo más novedoso es que el caso de los dos flamencos ha entrado en el mascarón de proa de la divulgación científica en España, como una de las informaciones que podrán leer los visitantes del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN). Quien vaya a aprender sobre la naturaleza estos días, conocerá que es tan diversa como la sexualidad humana.

"La diversidad es parte de la vida en la Tierra", defiende el divulgador Javier Armentia, uno de los impulsores de esta intervención en el museo. "Durante mucho tiempo se ha hecho una lectura muy centrada en que todo va dirigido a la reproducción, pero es un prejuicio muy nuestro. Hay otras cosas que también son útiles evolutivamente: la forma tan abierta de relacionarse sexualmente de los bonobos podría considerarse pecaminosa, pero para los bonobos el sexo entre ellos funciona para mejorar la cohesión social y la supervivencia de la especie", explica Armentia, director del Planetario de Pamplona.