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Daniel Valuja nos comparte una reflexión en una noticia de actualidad.

El declive de la leche entera es imparable. En menos de dos décadas, el consumo per cápita ha descendido de los 49 litros del año 2000 a los 17 del año pasado. Solo hubo un leve repunte en 2008 y 2009, según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

La versión semidesnatada ha tomado el relevo y se ha convertido en la favorita de los hogares españoles: en 2017 acaparó casi la mitad del consumo total de leche. El resto se repartió casi por partes iguales entre leche desnatada (28%) y entera (25%). (Fuente: El País)

El principal culpable de este descenso en el consumo de leche entera hay que buscarlo en lo que durante años fue señalado como el enemigo público número uno, tanto en España como en el extranjero: la grasa. “Durante mucho tiempo se ha catalogado lo bueno y lo malo de la alimentación en función de su cantidad”, explica el endocrinólogo Francisco Botella, quien asegura que todos los alimentos que la contuvieran se consideraban perjudiciales.