Hazte socio de radio solidaria

Era la noche de Reyes y Bernardo pidió un deseo: tener un nieto. Alberto, el nieto de su compañero de residencia, estaba junto a él y no lo dudó: “Yo te adopto, Bernardo, desde hoy serás mi abuelo”.

Así nació hace cuatro años el proyecto Adopta un Abuelo, un programa intergeneracional de acompañamiento a la tercera edad. Empezó tímidamente porque Alberto Cabanes, su creador, no estaba seguro de si los jóvenes estaban dispuestos a regalar su tiempo. “Decidí crear una web para ver quién querían participar en la iniciativa y mi sorpresa fue que se registraron cientos de jóvenes en unas pocas horas, así que me decidí a hacer el proyecto piloto”.

Hoy el programa se desarrolla en 50 ciudades españolas, han pasado por allí 650 voluntarios, hay miles de jóvenes en lista de espera para adoptar a un abuelo y este año da sus primeros pasos en Portugal. La necesidad de acompañamiento es obvia, la sociedad ha cambiado y muchos hijos ni siquiera viven en el mismo lugar que sus padres.

“El problema de la soledad va a más, vivimos en un mundo globalizado que a veces no te permite ver a los tuyos. Como entidad social tenemos muy clara nuestra visión: acompañar a todos los mayores del mundo y rendir tributo a su figura, activar toda esa sabiduría para que pueda llegar a los jóvenes, formarles en valores y que sean comprometidos”, explica Alberto Cabanes, fundador y presidente de Adopta un Abuelo, una idea que contó en sus inicios con el respaldo de Banco Santander a través de Santander Universidades y de la Universidad Europea de Madrid, al convertirse en uno de los 10 proyectos ganadores del Programa Jóvenes Emprendedores Sociales.

Pero este joven emprendedor no ha querido crear una mera bolsa de voluntarios en la se que vayan cediendo horas. El programa es mucho más ambicioso: selección de voluntarios, sesiones de formación, compromiso, seguimiento y, además, pagando. “Se trata de un problema endémico y, por tanto, tengo que crear un sistema sostenible”, apunta Cabanes. “Validamos un sistema en el que los grupos residenciales pagan una cuota, los chavales pagan otra y en los institutos lo tratamos como una extraescolar; igual que apuntas a tu hijo a inglés o a piano, ¿por qué no le apuntas a valores?”. Aún así, como el fin último es acompañar a los ancianos, si una residencia no se lo puede permitir, el servicio se ofrece gratuitamente. (Fuente: El Confidencial)