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Es la nueva sociedad que nos ha tocado vivir, llena de nuevas ideas, nuevos derechos, nuevas libertades, nuevas prácticas y costumbres y nuevas leyes que dan por malo lo que antes era bueno y por bueno lo que antes era malo.

No nos asombre que los ideólogos de estas nuevas pautas para la vida, las hayan pensado para afectar a la niñez y adolescencia desde su más tierna infancia. Ya dan por obsoleta y perimida la generación adulta y van por los cambios paradigmáticos que pueden inocular en las mentes nuevas y ansiosas de saber más, ver más y experimentar más.

De esto resulta que, a nuestros hijos, de pronto les sienta chocante el modo de pensar que tenemos, aquellos que nos criamos escuchando las enseñanzas del evangelio, cosas que ahora a ellos les resultan, raras, obsoletas, no inclusivas, pasadas de moda, retrógradas, patriarcales, desprovistas de diversidad, chocantes etc. Algo, evidentemente hemos descuidado.

No son pocos los adolescentes que ya están infectados de un léxico nuevo, inventado, introducido a presión, que se usa en el medio en que ellos se desenvuelven, básicamente el ámbito de la enseñanza donde se impone coercitivamente, dictatorialmente; una nueva cosmovisión de la vida, de las relaciones familiares y sociales. Los padres no pueden ni deben opinar, ya no tienen Patria Potestad, sólo tienen deberes parentales.

Desde hace decenas de décadas, las verdades bíblicas son fábulas, mitos, inventos de la religión para asustar y reprimir a las personas con el objeto de mantenerlas sumisas, esclavas. Ahora, estas otrora verdades, son delito.

Y lo más triste, el abuso sexual, la pederastia, el incesto y otras fornicaciones, hace rato que están operando dentro de la iglesia y la practican no sólo ovejas pervertidas de las congregaciones sino también pastores y maestros, hijos e hijas de pastores.

No es nada nuevo, sólo que se tapa bastante bien. Nos escandalizan las pedofilias de curas católicos pero no visualizamos bien lo que pasa dentro de las filas del cristianismo evangélico.

No debemos combatir estas maldades sólo porque estén en los titulares de la prensa sino porque se trata de perversiones que obedecen a pasiones contrarias a la verdad que tienen origen en la dimensión espiritual de maldad. Se agiganta la necesidad de enseñar y hacer brillar la luz de la Biblia dentro y fuera, y asumir las consecuencias que nos esperan como contrapartida.

Las verdades bíblicas son sencillas, “varón y hembra los creó”, y ese es el fundamento de la identidad sexual y no de género. El género, es el género humano y punto.

“La niñez es una construcción cultural”, “la identidad de género es una construcción social”, “el sexo no existe, eso es una imposición de la religión”, “la religión es la culpable de todo”, “la familia impuesta por la religión hay que deconstruírla”, “sólo existe la autopercepción individual”.

Todo esto parte de la falsa premisa de que no somos hombres y mujeres sino sólo una percepción psicológica personal. Quiero afirmar aquí, que sí, somos una construcción social, psicológica y sociológica, pero, hay que ver sobre qué fundamento edificamos.

No se puede edificar sobre fundamento falso, engañoso, mentiroso, perverso. El fundamento, es que esencialmente somos hombres y mujeres, distintos y no iguales, con diseño y propósito distinto.

Las aguas se dividen entre los que creen que todo es biología y los que creen que todo es autopercepción psicológica o cultural. En cuanto a que somos hombre y mujer tenemos en primer lugar la verdad bíblica corroborada por los estudios científicos. Es absurdo negar la sexualidad desde la visión biológica, genética, cromosómica, es ridículo pensar que un hombre pueda ser mujer y una mujer hombre, jamás será a menos que sea una ilusión y de ilusión “no se vive”.

Por otro lado, es igualmente malo creer que no somos una construcción social ya que la misma Biblia nos enseña cómo edificar a nuestros hijos, cómo formarlos y sobre qué fundamento edificar la familia y las relaciones parentales.

Como arquitecto sé muy bien lo que es un fundamento. A la hora de construir un edificio más vale que el fundamento sea estable.

Jesús dijo: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mateo 7:24).

El fundamento veraz para edificar vidas, familias y naciones sanas, es la palabra de Dios; y la palabra de Dios es Cristo. Jesucristo declaró: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. La verdad marca rumbos. Quien conoce la verdad y camina en ella, quien elige la verdad y la proclama; quien hace lo que es veraz, es una persona firme y estable. Vendrán problemas de cualquier índole, pero se planta firme, tiene esperanza, sabe que tiene victoria porque Dios lo respalda.

Hoy tenemos que proponernos abrazar la verdad y no venderla. No cambiarla por conveniencia momentánea, no callarla porque es negarla.