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El apóstol Pablo compara la vida en Cristo con una gran carrera. La vida en Cristo nosotros lo sabemos no es sencilla, el vivir en Cristo, el aceptar a Jesús, el hacer conforme y su voluntad y su propósito no es fácil. Es algo yo considero bastante difícil, es por ello que necesitamos del Espíritu Santo para ser fortalecidos y tengamos el poder del Espíritu de Dios para lograr los propósitos que Dios tiene para nosotros, para que nosotros los podamos alcanzar.

Cuando el apóstol Pablo habla de proseguir a la meta, él dice varias cosas que son importantes, pero ¿a qué se refería el apóstol? ¿Qué es lo que él vivía? Vamos a ubicarnos en la época que el apóstol Pablo escribió esto, y fue prácticamente en el primer siglo de esta era. Pero, en el año 490 a. C., un soldado griego llamado Filípides, dicen los historiadores que corrió de Atenas hasta Esparta para pedir refuerzos.

Dicen que él corrió 240 Kilómetros en dos días. En honor a este hombre se creó la competencia denominada “Maratón”. Sabemos que hoy día el maratón, el cual se incluyó aproximadamente en el año 1896 en las Olimpiadas, esta competencia es de 42 kilómetros, nada que ver con los 240 kilómetros que este soldado recorrió en dos días. Él llegó, dicen, a pedir ayuda, la pidió y cayó muerto. Qué carrera se aventó para pedir ayuda para que sus compañeros fueran fortalecidos con otros y no perdieran la guerra.

El apóstol Pablo teniendo como referencia este hecho, habla a los Filipenses y les dice precisamente que él va prosiguiendo hacia una meta, que él considera a pesar de su crecimiento espiritual, a pesar de a manifestación de Dios en su vida, a pesar de todo lo que él hacía, y que fluían los dones del Espíritu Santo en él, les dice: Yo no lo he alcanzado todo, no lo he logrado.