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Los primeros contagios de dengue en España por el «mosquito tigre», lluvias torrenciales que dejan hasta 160 l/m2 en una hora; o días de calor extremo en los que la temperatura más fresca del día (y la noche) es de casi 28ºC. Estos fenómenos tienen algo en común: no solo se han producido este año en España, sino que todos fueron vaticinados como posibles consecuencia del cambio climático en el país.

Hoy los estudios alertan de que, si no se frena el calentamiento global y no se toman medidas de adaptación, podrían costar miles de millones de euros y la vida de miles de personas. España se encuentra en una de las regiones más vulnerables de Europa al cambio climático, especialmente en términos de recursos hídricos, precipitaciones medias y elevación de las temperaturas. «Pensar que el futuro será igual que el pasado es un error», apunta Ana Iglesias, investigadora de la Universidad Politécnica de Madrid.

A partir de mediados de siglo, las ciudades del sur peninsular como Málaga o Almería experimentarán más del doble de sequías de las que han registrado en el periodo 1951-2000, incluso en el escenario de cambio climático más optimista. Esta era una de las conclusiones de un estudio que, a principios de este año, avanzó las previsiones para 571 ciudades europeas aplicando todos los modelos climáticos. Y en España, el impacto de las sequías será peor de lo esperado. «Aunque las regiones del sur de Europa están adaptadas para hacer frente a las sequías, este nivel de cambio podría estar más allá del punto de quiebra», explicaba Selma Guerreiro, autora principal del informe.

«Tendremos menos lluvia y mal distribuida», apunta Ana Iglesias, coautora de otro trabajo publicado recientemente en «Nature Climate Change». En él han analizado los efectos del cambio climático en la zona mediterránea y una de las conclusiones refleja que lloverá entre un 10 y un 30% menos. El deshielo, apunta, llegará hasta dos meses antes. Con ello habrá que aguantar en verano, pero «tenemos un diseño (de embalses) pensado para unas condiciones climáticas que ya no son válidas», dice Iglesias.

Las sequías coexistirán con unas lluvias torrenciales de caracter local cada vez más frecuentes. Y aunque la torrencialidad es una constante en otoño en el clima mediterráneo, las gotas frías también podrán ser más extremas. Como la registrada en Castellón este año, cuando se llegaron a recoger en Vinaroz hasta 159,2 litros por metro cuadrado en tan solo una hora, o en Alpandeire (Málaga) con 289 litros por metro cuadrado en seis horas, ambos récords de precipitaciones para sus respectivas horquillas temporales.

«Es evidente que estamos ya experimentando un calentamiento global que se manifiesta con aumentos de temperaturas, mayor frecuencia de precipitaciones intensas, calentamiento de los océanos, reducción de masas de hielo y cobertura de nieve», dice el meteorólogo Fernando Aguado. En el futuro, los expertos no descartan que si a una DANA se suma que la superficie del mar está más caliente y, por tanto, hay más evaporación, esta humedad pueda alimentar la cantidad de agua descargada durante los episodios de gota fría.

Lo que no está tan claro, dice Aguado, es la llegada de ciclones pos-tropicales como Leslie con una mayor frecuencia. «Creo que es muy pronto para sacar conclusiones sobre el tema porque el fenómeno no es nuevo. Faltan estudios, las denominaciones que se les da comenzaron a aplicarse hace poco y muchos de los ciclones que nos afectaron el siglo pasado fueron de ese tipo, aunque no se les haya catalogado como tales», opina el presidente de la Asociación Meteorológica Española (AME).

Por ahora, según resume Aguado, en España lo que más debe preocupar es el aumento de temperatura máximas y mínimas, especialmente en verano con unas olas de calor más largas e intensas; la reducción de la precipitación total a la vez que aumenten los episodios de precipitaciones intensas; la mayor duración de los periodos secos y el aumento de los fenómenos extremos costeros exacerbados por el aumento del nivel del mar.

Precisamente el aumento del nivel del mar mezclado al desarrollo urbanístico en el litoral han conducido a un aumento muy rápido del riesgo de inundaciones costeras, advertía recientemente otro estudio en «Nature Climate Change». Se analizaba toda la situación en Europa, pero en España, este aumento en el nivel del mar, junto a las mareas, marejadas y fuertes olas afectará a entre 61.000 y 94.000 españoles cada año para 2050; y entre 122.000 y 322.000 personas para 2100.

El coste del daño anual variará entre los 700 y los 2.800 millones para 2050 y entre 3.300 millones hasta 50.000 millones para 2100 en función de los diferentes escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero y socioeconómicos. «Las estructuras de defensa contra inundaciones deben instalarse o reforzarse para resistir los aumentos de los niveles extremos del mar», cuenta el estudio liderado por el oceanógrafo Michalis I. Vousdoukas. «Con seguridad la protección actual no es suficiente», decía el investigador a ABC. El reciente informe del IPCC de la ONU pedía, para frenar el impacto del cambio climático, alcanzar un «cero neto» de emisiones de CO2 en treinta años, un objetivo que si bien acepta que no se eliminen por completo las emisiones para esa fecha, al menos se compensen por medio de otras estrategias. Está previsto que este noviembre la Comisión Europea publique su estrategia a largo plazo sobre la reducción de emisiones de gases, en la que se anunciará si la Comisión asume la petición del IPCC u opta por otros objetivos. Según un reciente informe de European Climate Foundation y Climact,

Europa está preparada para cumplir el objetivo y ya existen soluciones que, de aplicarse, podrían reducir el 75% de la senda del «cero neto» para 2050, aunque no existe un solo camino, ya que aún se puede jugar con el peso que le corresponderá a cada uno de los sectores implicados (automoción, agricultura, energía, construcción y producción). El informe advierte, además, que no tomar medidas frente al cambio climático supondrá un coste económico mucho mayor que los derivados de tomar medidas para reducir las emisiones.

Ya en 2014 un estudio titulado «el cambio climático podría hacer que la fiebre del dengue venga a Europa», predecía que la tasa de incidencia de la enfermedad iba a pasar de 2 por 100.000 habitantes a 10 por 100.000 en el sur de España. «Nuestro estudio ha demostrado que el riesgo de dengue probablemente aumentará en Europa bajo el cambio climático, pero que casi todo el exceso de riesgo caerá en las áreas costeras de los mares mediterráneo y adriático y la parte nororiental de Italia», decía el investigador principal, Paul Hunter.

La mayoría de los estudios ya contemplan, en mayor o menor medida, que enfermedades propias de los climas tropicales como el zika, el chikungunya o el dengue comiencen a extenderse por Europa a la vez que se dan mejores condiciones climatológicas para la supervivencia de mosquitos transmisores. En España, este año se han detectado los cinco primeros casos autóctonos de dengue del siglo XXI.

España, con el 80% de su territorio en peligro de desertificación, es el país de Europa con mayor riesgo. La sequía, pero también los incendios agravados por las olas de calor, irán degradando el suelo. Un proceso que, a su vez, repercutirá en la seguridad alimentaria y en la necesidad de migrar, y no sólo en España. Según el último informe del IPCC, se prevén impactos negativos en las regiones tropicales y templadas sobre las cosechas de trigo, arroz y maíz.

«En el sur de España se están extendiendo los cultivos tropicales como el aguacate o el mango, pero no van a poder mantenerse», dice Iglesias. «Y en la viticultura puede afectar mucho. Con dos días de lluvia en el momento menos indicado ya le puede entrar una enfermedad a los cultivos». El problema, cuenta, reside en que aún hay mucha incertidumbre de los impactos a nivel local como para poder preparar una respuesta adaptativa.

Un informe del Ministerio de Medio Ambiente de 2016 también avisaba de que las especies invasoras podrán verse favorecidas; habrá cambios en la migración de las aves o en la proporción del sexo entre algunas especies reptiles. También alertaba de que los ecosistemas de montaña y las poblaciones situadas en las cotas más altas son especialmente vulnerables ya que «las condiciones climáticas de estas zonas dejarán de existir», mientras que la «alta exposición» de aquellas que se encuentran en límites meridionales y cotas altitudinales inferiores también las pondrá en peligro.

En el mar, muchos organismos ya han respondido al cambio climático modificando su distribución (se han desplazado hacia latitudes más altas o su distribución en profundidad). Según Salud Deudero, directora del Centro Oceanográfico de Baleares, ya hay casos de algunos peces del Mar Rojo se han adaptado a las aguas mediterráneas.