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Justo antes de la entrevista, Evgeny Morozov envía un correo desde su cuenta de Gmail para avisar de que se retrasa. Cuando al fin llega al campus de la Universidad de Barcelona, aprovecha cada pausa para consultar su móvil. Es un smartphone de última generación, desde el que lanza decenas de tuits a la semana con el típico tecleo nervioso de un adicto a las pantallas.

No es lo que uno espera del principal ariete contra la tecnoutopía de gigantes como Google, Twitter o Facebook. De uno de los críticos más feroces de la ultraconexión que coloniza nuestras vidas. Y, sobre todo, del autodenominado hereje de internet que, hace una década, profetizó el coste de la sociedad digital: filtración de datos privados, elecciones manipuladas, control ilegal de las comunicaciones...

«Las cosas van a ir mucho peor», afirma nada más sentarse en una sala de la biblioteca, que almacena 1.240 incunables, una de las colecciones más completas de Europa. «Nuestras infraestructuras económicas y sociales dependen de los servicios de las empresas tecnológicas. Pero estos gigantes no las construyeron para que fueran seguras, sino para ganar dinero, y tampoco están sometidos a controles democráticos. Nuestra sociedad es vulnerable. Y aún tardaremos otros cinco o diez años en sentir las consecuencias por completo».