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¡Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado!

Los cristianos confesamos que la resurrección es el evento clave de nuestra fe. Creemos en el futuro, tenemos esperanza, y seguimos adelante porque Cristo resucitó. Algunos cristianos tratan de espiritualizar este evento, cuestionando que un cuerpo inerte pudiera levantarse de la muerte. Pero la gran mayoría de los que nos llamamos cristianos confesamos que este fue un evento literal; Cristo había muerto y su cuerpo muerto fue glorificado.

Cristo es las primicias de nuestra esperanza de resurrección. Paramos cada año para reafirmar nuestra confesión, ¡Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado! Todos los eventos de semana santa nos recuerdan del sacrificio y de la victoria de nuestro Señor. Pero también es importante que recordemos las implicaciones de la obra de Cristo. En los eventos de Semana Santa confesamos que:

1) Los seres humanos, incluyendo muchos cristianos, queremos una victoria al estilo de los poderes de este mundo. Tendemos a decepcionarnos cuando Cristo no nos da las cosas como nosotros creemos que deben ser.

2 )La victoria de Cristo se da por medio del sufrimiento y la muerte. Si seguimos a Cristo, no nos debe sorprender la cruz. 3)La resurrección rompe los esquemas humanos. Dios interviene en la historia humana y nos llama a creer más allá de las normas de la ciencia moderna.

La muerte y resurrección de Cristo nos recuerdan, de nuevo, que sus seguidores necesitamos estar dispuestos a pasar por los eventos de semana santa. Habrá mucha gente que nos aplaudirá cuando estamos haciendo algo que coincide con lo que ellos quieren, pero que actuarán en contra nuestra cuando proclamemos el evangelio. También tenemos que recordar que el servicio al Señor incluye la cruz y que la resurrección sólo se da después de dar nuestra vidas.

Es fácil desalentarnos cuando vemos a un mundo que busca valores que no son los del Reino. Es tentador tratar de crear “victorias” políticas o sociales para “defender” el evangelio. Para otros la tentación es seguir los valores populares que se bautizan como derechos. Pero seguir a Cristo significa reconocer que las normas de este mundo no son los valores del reino. Si queremos hacer una diferencia tenemos que ser diferentes, en el poder del Espíritu, no con poder político, social o económico.