Hazte socio de radio solidaria

Ingeniería gallega para volar a Nueva Zelanda en tres horas.

En 2003, el avión supersónico Concorde realizaba su último vuelo. Tras 27 años de servicio en los que cruzaba el Atlántico, de París a Nueva York, en apenas tres horas y media, la mítica aeronave construida por fabricantes franceses e ingleses se retiraba de forma definitiva. Pero el Concorde podría tener en unos diez años un sustituto cuatro veces más veloz.

Un avión hipersónico que volaría a una velocidad ocho veces superior a la del sonido y permitiría recorrer los 20.000 kilómetros que separan Madrid de Nueva Zelanda en apenas tres horas de viaje. En su diseño participa un equipo de ingenieros gallegos, pertenecientes a la universidad coruñesa.

Bajo el mando del catedrático Santiago Hernández Ibáñez, el grupo de Mecánica de Estructuras de la Escuela Técnica Superior de Caminos, Canales y Puertos de la UDC lleva ya un año trabajando en el avión. El equipo forma parte de consorcio internacional financiado por la Unión Europea para el proyecto, que ha sido bautizado como Stratofly.

La aeronave viajará en la segunda capa de la atmósfera terrestre, la estratosfera. En esta zona, que supera los habituales 10.000 metros de altitud de los vuelos comerciales, «no hay turbulencias, lo que hace el vuelo más sencillo», explica Santiago Hernández a ABC. El catedrático presentó esta mañana el proyecto Stratofly en la tercera edición del Congreso Aeronáutico y Espacial (CIAG) celebrado en Santiago de Compostela.

Aunque en países como EEUU también existen iniciativas para fabricar aviones hipersónicos, el Stratofly, apunta Hernández, es un proyecto más ambicioso por el volumen de su pasaje. La aeronave debe transportar a unas 300 personas.

Por el momento, los científicos e ingenieros de cinco centros de investigación aeroespacial de Suecia, Italia, Francia, Holanda y Alemania y de tres universidades (Hamburgo, Turín y La Coruña) trabajan en el diseño conceptual de los elementos más importantes del avión. En la universidad gallega se encargan de la definición de la estructura y de su optimización para lograr que tenga la menor cantidad de material posible. «Un avión es una cosa ilógica, que circule por el aire algo que pesa más que el aire.

El diseño es fundamental para que vuele», explica el catedrático Santiago Hernández. La primera fase del proyecto tendrá que estar acabada ya el 31 de diciembre de 2020 y Hernández calcula que el aparato podría estar surcando la estratosfera dentro de diez años. Lo hará propulsado por un combustible mucho más potente, los gases licuados, que le permitirán llevar menos volumen de combustible que los aviones comerciales actuales.

La participación del grupo de Mecánica de Estructuras de la universidad coruñesa en el proyecto llega tras más de 15 de experiencia en el sector aeronáutico. El equipo del profesor Hernández ha colaborado ya con importantes fabricantes de aviones como Airbus, pero también con la NASA o la Agencia Aeroespacial Europea.

«En España la industria aeronáutica va a tener mucho crecimiento en los próximos años. Van a hacer falta más empresas de las que hay ahora y las que hay aumentarán su producción y empleo. En España hay hueco para el crecimiento de este sector», subraya el catedrático.

Empleo en Galicia

En la comunidad gallega el sector emplea ya a unas 1.200 personas, según los datos del Consorcio Aeronáutico Gallego, organizador del Congreso en el que se presentó el Stratofly. Trabajan en una treintena de compañías que realizan puertas, trenes de aterrizaje, partes de las alas e incluso piezas para los motores de aviones Airbus o Boeing.

El año pasado alcanzaron los 130 millones de euros de facturación. Santiago Hernández cree que en el futuro próximo tendrán oportunidad de especializarse en aspectos que aún no han tocado, como la producción de las estructuras de los aviones.